Política

¿Existe el perdón entre naciones? El laberinto histórico entre México y España

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La historia de la humanidad es, en gran medida, la crónica de sus cicatrices. Guerras, colonizaciones y genocidios han dejado agravios heredados que los pueblos arrastran durante siglos. Ante este panorama, surge una pregunta que desafía a la diplomacia moderna: ¿Es el perdón entre naciones una utopía política o una necesidad histórica?

Para que un Estado perdone a otro, no basta una fotografía oficial o el apretón de manos entre mandatarios. El proceso sociológico exige tres pilares que rara vez coinciden en el tiempo: el reconocimiento explícito y sin eufemismos del daño, la petición formal de disculpas y una reparación, ya sea económica o simbólica.

Sin embargo, los estados no tienen alma; tienen intereses. Por eso el perdón gubernamental es un fenómeno escaso. Para cualquier administración, pedir disculpas suele ser percibido internamente como un signo de debilidad que la oposición no tardará en capitalizar, bajo el eterno argumento de que “las generaciones actuales no deben pagar por los pecados de sus ancestros”.

El debate sobre la llamada Conquista es el ejemplo perfecto de cómo el pasado puede ser secuestrado y convertido en un arma arrojadiza para el presente. La exigencia de disculpas oficiales abre una grieta historiográfica donde la política suele simplificar lo que la historia demuestra complejo. Frente a la narrativa escolar y monolítica de “invasores contra invadidos”, la realidad plantea un escenario que desmonta los discursos polarizados.

Juzgar el siglo XVI con la moral del siglo XXI es un error metodológico. El punto de partida es demoledor: en 1521, ni México era México, ni España era España.

El territorio mesoamericano no era un país unificado, sino una constelación de señoríos independientes (tlaxcaltecas, purépechas, totonacas, mayas). El Imperio Mexica mantenía sobre muchos de ellos un régimen tributario asfixiante y violento. Lo que hoy cartografiamos como España era entonces una amalgama de reinos dinásticos vinculados bajo las coronas de Castilla y Aragón. El Estado-nación moderno no figuraba ni en los planes.

Hernán Cortés derrocó un imperio con menos de mil soldados hispanos, pero liderando un ejército de miles de guerreros indígenas que vieron en los recién llegados una oportunidad estratégica para sacudirse el yugo de Tenochtitlan. La caída de la capital mexica fue, en estricto rigor, el clímax de una cruenta guerra interétnica entre los propios pueblos originarios.

Exigir un perdón unilateral resulta históricamente impreciso y políticamente estéril. Si los propios pueblos originarios se aliaron con los europeos para destruir al poder dominante, el concepto que debe guiar la relación bilateral no es el perdón, sino la reconciliación.

La auténtica reconciliación implica aceptar que el México actual no es el bando vencido ni el bando vencedor, sino el hijo inevitable de ambos. Exigir que una mitad le pida perdón a la otra es ignorar que la sangre de todo el tablero —la de los conquistadores, la de los mexicas y la de los miles de aliados indígenas— corre mezclada por las venas de la sociedad moderna.

Buscar culpables en los cementerios del siglo XVI es un ejercicio de pirotecnia política que solo sirve para evadir las responsabilidades del presente. La Conquista fue un parto violento, trágico y pluricultural, pero fijar la mirada en el agravio de hace quinientos años condena a las naciones al estatismo.

Las disculpas heredadas no construyen hospitales, no educan a las infancias ni saldan las deudas vigentes con las comunidades indígenas actuales, que siguen sufriendo la exclusión del Estado moderno, no de la Corona de Castilla. El verdadero desafío histórico no consiste en obligar al pasado a disculparse, sino en evitar que el presente siga repitiendo sus mismas crueldades. Al final del día, el dilema no es cómo purgar la sangre que nos separó ayer, sino qué puente vamos a construir con la que nos une hoy.


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Juan Manuel Díaz Organitos
  • Juan Manuel Díaz Organitos
  • General retirado del Ejército Mexicano
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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