Cultura

El señor de la guitarra

  • Paisajes abreviados
  • El señor de la guitarra
  • José Luis Vivar

Era un señor muy delgado, de sonrisa afable que usaba gafas y lucía una calvicie sin complejos. Siempre lo acompañaba su guitarra, o debería decirse que era ella quien lo acompañaba. En fin, eran el uno para el otro. Desde muy joven se fue a estudiar música a la Ciudad de México, y como buen yucateco -había nacido en Ticul-, cantaba y tocaba trova de Palmerín, de Guty Cárdenas, y tantos otros peninsulares que lo hacían remontarse a los jardines y las calles y balcones de la blanca Mérida.

Tuvo la suerte de que muy joven José José, le grabara una canción titulada “Alguien vendrá”, cuyos acordes menores en las primera estrofas permitían lucir la voz del cantante, aunque lograba exponer todo su potencial vocal en el estribillo con la combinación armónica de acordes mayores y menores.

Este primer éxito como compositor del Señor de la Guitarra -instrumento al que Ludwig Von Beethoven llamaba la pequeña orquesta-, motivó que se pusiera a escribir más temas musicales y fuera de disquera en disquera ofreciéndolas a sus artistas. Para estas alturas su nombre apenas era conocido, pues como bien dice Stephen King: la gente se aprende el título del canción y el nombre del cantante o grupo que la interpreta.

Al despuntar la década de los setenta, la maternidad de su esposa le sirve de inspiración para escribir un tema. Buscando la opinión de su maestro Rubén Fuentes, va a su casa y acompañado de su guitarra interpreta “Qué triste va María”. Con la experiencia musical de tantos años, el compositor guzmanense le hace una observación: esperar un hijo es motivo de alegría, y le pide sustituir triste por alegre.

El Señor de la Guitarra acepta la sugerencia y le deja al maestro Fuentes el casete de su canción para que éste la lleve a la compañía disquera para ver si a alguien le interesa. Solo que eso no sucederá, porque la cinta queda olvidada en una gaveta, hasta que un día la entonces esposa del autor de La Bikina, la cantante -también yucateca-, Imelda Miller, la rescata, para inscribirla en el Festival OTI de 1973. Su triunfo a nivel nacional le permite representar a México en Bello Horizonte, Brasil, donde “Qué alegre va María”, se corona como la ganadora. Es entonces cuando el nombre de Sergio Esquivel se da a conocer.

A partir de ese rotundo éxito sus canciones empiezan a sonar en la radio con la voces de otros artistas, y él mismo se animó a lanzarse como cantante, o cantautor como se les llamaba entonces. Sin tener una gran voz dio a conocer bellos temas como “San Juan de Letrán”, un himno a esa antigua arteria pintoresca. “Luciana”, dedicada a la tía solterona que todos tenemos; “Pedro”, crónica de los merolicos de todas las plazas; y su mayor éxito “Un tipo como yo”, autorretrato que encaja con los hombres enamorados que no son galanes.

A finales de abril Sergio Esquivel se fue a dormir y ya no abrió sus ojos. Se marchó tranquilo como era. Pero nos dejó su guitarra para recordarnos sus canciones, para hacernos saber que las modas van y vienen pero el romanticismo entre las parejas permanece.


José Luis Vivar

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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