Entelerido, no tanto por el frío sino por la maldición de su provecta edad, el cartujo mira en su destartalada videocasetera Sexo, mentiras y video, de Steven Soderbergh, con James Spader y las hermosas Andie MacDowell y Laura San Giacomo. Al terminar, busca las noticias en la televisión y la realidad lo derrumba.
En el ensayo “El arte de mentir”, incluido en El fuego de la imaginación (Alfaguara, 2022), primer tomo de su obra periodística, Mario Vargas Llosa escribe: “La ficción es un sucedáneo transitorio de la vida. El regreso a la realidad es siempre un empobrecimiento brutal: la comprobación de que somos menos de lo que soñamos”. En México, muchos de quienes soñaron con un gobierno de izquierda son vapuleados por el cotidiano aquelarre de un régimen donde anidan la desmemoria, la ineptitud y la falacia.
En su desesperada búsqueda del poder, López Obrador criticó, con sobrados motivos, la militarización del país, y véanlo ahora, convertido en dispendioso mecenas de las fuerzas armadas, comprándoles hasta una línea aérea para su aeropuerto vacío. En sus conferencias, por otra parte, ha reiterado su decisión de combatir la impunidad, “vamos a volver un hábito la honestidad”, dijo en una de ellas. Pero como el hábito no hace el monje, ahí están los plagiarios de la cuarta transformación (Gertz, Romero Tellaeche, Esquivel), exhibidos por Guillermo Sheridan y protegidos desde lo más alto de la escalera gubernamental en una flagrante —una más— contradicción con su doctrina moral.
En las plataformas informativas y en las redes sociales están guardadas, quizá para siempre, las palabras de los políticos. En estos días, por ejemplo, ha vuelto a circular un video de 2018 en el cual Claudia Sheinbaum, recién electa gobernante de la capital del país, afirma: “Lo primero que tenemos que hacer es que lo que existe en la ciudad funcione bien, y tenemos que invertir muchos miles de millones de pesos para poner el Metro a tono, va a cumplir 50 años de edad y tiene que ser el mejor metro”. Como en otras cosas, es evidente su fracaso, pero como diría el clásico, eso ya no es nota.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.
José Luis Martínez S.