En mayo de 1968, en Newcastle, Inglaterra, el menor Martin Brown murió de una caída mientras jugaba. Lo acompañaba Mary Bell, quien acudió al sepelio de su amiguito.
Casi un año después, en julio de 1969, Brian Howe, de tres años, fue asesinado de forma brutal. Además de ser atacado con un arma punzante, el agresor le mutiló los genitales y le marcó el abdomen con una M.
Mary Bell acudió al funeral de Brian, donde mostró una curiosidad mórbida por los detalles, lo que despertó sospechas tanto en la familia Howe, como en la policía.
A los 12 años, Bell ingresó a prisión, de la cual salió a los 23 años. Desde entonces intenta pasar desapercibida en las ciudades que le ha tocado vivir. Pese a su nueva identidad, en cuanto es descubierta Bell repite el periplo de Caín, quien, por matar a su hermano Abel, fue condenado a “ser errante y extranjero en la tierra”.
El 12 de febrero de 1993, en Liverpool, Inglaterra, Jon Venables y Robert Thompson, ambos de 10 años, decidieron irse de pinta a un centro comercial. Los menores fueron grabados por el circuito cerrado de la plaza mientras caminaban de un lugar a otro.
En un lapso del registro, los niños se detienen frente a un negocio de carnes, en ese momento entablan amistad con James Bulger, de dos años, y se lo llevan de la mano, aprovechando que la madre estaba distraída.
Las autoridades recuperaron el cadáver de Bulger en la estación abandonada Walton & Anfield. El ferrocarril lo había partido en dos. Antes de morir, el menor fue golpeado brutalmente.
Después de un juicio cargado de odio, Venables y Thompson fueron condenados y salieron de prisión en 2001. No hubo país del mundo que les brindara asilo, por lo que viven a salto de mata en localidades temporales.
Un último caso. En 1929, los menores Carl Mahan, de seis años, y Cecil Van Hoose, una niña de ocho años, pelearon por un pedazo de chatarra para vender en el fierro viejo. Cecil, con más fuerza por la edad, golpeó a Carl en la cara, quien, en respuesta, disparó mortalmente sobre Cecil, con una pistola cuyo origen siempre fue registrado como desconocido.
En un juicio de 30 minutos, Carl Mahan fue condenado a 15 años de prisión, condena que cumplió, completa, en el Reformatorio Greendale, en Kentucky.
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