Política

El costo de mirar hacia arriba

Hay una pregunta que los críticos de la exploración espacial llevan décadas repitiendo como si fuera un argumento: ¿para qué gastar en el espacio cuando hay tantos problemas aquí abajo? Suena razonable. Es, sin embargo, una falacia lógica con nombre propio: el falso dilema. Asume que el dinero de la NASA o de otros proyectos espaciales sale del presupuesto de los hospitales, cuando en realidad compite con gastos que nadie cuestiona tanto.

Comparemos. El programa Artemis ha costado alrededor de 93 mil millones de dólares en total. La industria global de videojuegos generó más de 180 mil millones sólo en 2023: suficiente para dos programas Artemis completos en un año. La moda de lujo mueve 350 mil millones anuales. El gasto militar mundial superó los 2.2 billones en 2023: con ese presupuesto podrías lanzar más de 23 programas Artemis. Cada año. El problema no es que el espacio sea caro. Es que hemos decidido —sin decirlo explícitamente— que otras cosas valen más.

Hay otra falacia frecuente: la del costo sin retorno. El GPS que consultas, las alertas de huracán que en México salvan vidas costeras, los materiales que usa la medicina de emergencia — todo tiene raíces directas en programas espaciales. Y lo que poco nos preguntamos es: ¿cuánto cuesta NO hacer cosas como éstas? Crecer en un entorno donde el mensaje implícito es que las grandes preguntas no son para ti, deja una marca. Se mide en jóvenes que nunca se imaginaron ingenieras aeroespaciales; potenciales no explotados; innovaciones inexistentes; caminos no recorridos.

Artemis II, que concluyó exitosamente con el amerizaje de sus cuatro tripulantes en el Pacífico, no fue únicamente una misión de ingeniería. Fue una misión filosófica. El 6 de abril, la tripulación vio algo que ningún ser humano había contemplado desde ese ángulo: el lado oculto de la Luna, mientras presenciaban simultáneamente un eclipse solar total flotando entre los astros. Kant describió lo sublime como la experiencia que nos desborda — no el placer tranquilo de algo bello, sino el vértigo de lo que excede nuestros marcos de comprensión. Glover, el piloto, lo resumió antes del amerizaje: ni siquiera he comenzado a procesar lo que hemos vivido.

Hay otro precio en pagar una deuda de representación. Christina Koch es la primera mujer en la historia de la humanidad en viajar a la Luna. La frase es tan grande que se consume a sí misma si no la abrimos. Detrás de Koch hay décadas de candidatas descartadas por razones que tenían poco que ver con sus capacidades. Hay ingenieras que calcularon trayectorias del Apollo sin que su nombre apareciera en ningún titular. Hay programas de entrenamiento que durante años tomaron al cuerpo masculino como único referente. Koch no cancela esa historia. Pero la interrumpe. Y desde América Latina, donde la brecha de género en carreras STEM sigue siendo estructural, eso no es un dato menor: es una imagen que puede cambiar lo que una niña cree posible para

sí misma.

América Latina no tiene por qué ser espectadora pasiva a pesar de sus problemas. Argentina contribuyó a Artemis II con el CubeSat Atenea, una oportunidad ganada a pulso de entre miles de propuestas globales, protagonizada por estudiantes y flanqueada por los otros ganadores de países como Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita. México tiene instituciones con talento real y proyectos serios que no sólo necesitan un ecosistema propicio, sino también creer que la Luna les pertenece.

Artemis III practicará maniobras de acoplamiento en órbita terrestre. Artemis IV, en 2028, intentará alunizar cerca del polo sur lunar, donde hay evidencia de agua en forma de hielo. Si se confirma en persona, reescribe el manual de la exploración espacial y dejaría más claro que el potencial de la luna trasciende lo simbólico.

Algunas inversiones se miden en retorno económico. Otras en lo que dice de nosotros que las hayamos hecho — y en lo que dice que no las hagamos.

Retorno de los astronautas a la Tierra el pasado viernes. Reuters
Retorno de los astronautas a la Tierra el pasado viernes. Reuters


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Ana Cristina Olvera Peláez
  • Ana Cristina Olvera Peláez
  • Filósofa y periodista de ciencia especializada en exploración espacial
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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