Nada en él parecía estar fuera de lugar. Dennis Rader era en apariencia el esposo ejemplar que muchas mujeres desearían. Iba a la iglesia todos los domingos, era líder de un grupo de boys scouts, tenía un comportamiento afable con sus vecinos, era trabajador y dedicaba tiempo a su familia.
Su esposa afirmó en alguna ocasión que Rader “nunca lastimaría a nadie”. Su hijo se refería a Dennis como “el padre perfecto”. ¿Entonces? ¿Por qué este individuo modelo es considerado una de las grandes “estrellas” del asesinato serial de Estados Unidos?
Esa curul plurinominal, Rader la obtuvo gracias a sus acciones: asesinó al menos a 10 personas entre 1974 y 1991, aunque fue detenido hasta 2005, y eso porque el hombre, de acuerdo a lo que declaró después de ser arrestado, estaba harto de que otros presuntos homicidas se llevaran los créditos por los delitos cometidos por el predador conocido como BTK (bind=atar, torture=torturar, kill=matar), apodo, que por cierto, el mismo Rader eligió.
Dennis Rader fue un predador “geográficamente estable”, término que emplea el criminólogo David Wilson para un asesino que actúa en su entorno: en este caso la ciudad de Wichita, en el estado de Kansas, EU.
Rader mantuvo el anonimato casi 30 años en la comunidad en la que vivía. Esa clandestinidad se prolongó por los amplios espacios temporales que hubo entre los crímenes. Por ejemplo, hubo un lapso de ocho años entre el homicidio de Nancy Fox (diciembre de 1977) y su siguiente ataque (abril de 1985).
Más de 30 años después de cometer su último asesinato (1991), en 2004 Rader se puso nuevamente en contacto epistolar con la policía. Para autoridades y ciudadanía fue una sorpresa recibir cartas de un hombre al que creían muerto, preso por otro delito o que se había mudado de ciudad.
Había motivos que alimentaban la angustia. BTK surgió aparentemente de la nada, de un día para otro. En Wichita no había antecedentes de un ataque tan brutal como el que cometió Dennis Rader una mañana de enero de 1974.
La familia Otero desayunaba tranquilamente cuando alguien tocó la puerta. Al abrir la puerta, el señor Joseph Otero fue apuntado por una pistola. Dennis Rader dijo que solo iba por el auto y dinero. Los cuatro integrantes de la familia Otero se dejaron atar a unas sillas, quizá pensando que si colaboraban saldrían ilesos y el asaltante se marcharía tal como llegó.
No fue así. Rader asesinó a cada uno de los Otero, mediante estrangulamiento o asfixia, ayudándose con unas bolsas de plástico. La señora Julie Otero, de 34 años, y la hija, Josephine, de 9 años, fueron violadas antes de morir.
Rader volvió a atacar mortalmente en cuatro ocasiones más, siempre en el interior del domicilio de las víctimas, sin cambiar el modo de operar que tan buenos resultados le dio: atando, torturando y asesinando.
BTK siempre tuvo el control de las situaciones que enfrentó. Incluso, las cartas que envió a la policía, avisando de un nuevo ataque o burlándose de los palos de ciego de las autoridades, fueron parte de ese dominio.
En 1991, tras cometer un último delito, se perdió por más de 30 años. Dar muestras de que seguía vivo fue su perdición.
Tras enviar un disco compacto a la policía, con datos que solo asesino y autoridades conocían, éstas rastrearon que el remitente era un hombre que se hacía llamar Dennis y que estaba vinculado a una iglesia luterana de Wichita.
Lo demás fue atar cabos que condujeron al arresto de Rader, un asesino que eludió la pena de muerte y que ahora asesora un libro sobre sus crímenes, cuyas regalías, de acuerdo con lo que el asesino ha declarado, serán para los familiares de sus 10 víctimas.
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