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Jueves , 21.02.2019 / 10:41 Hoy

Vidas Ejemplares

El hombre que odiaba la belleza

José Luis Durán King

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Christopher Wilder era un especialista en diosas. No tenía problema alguno para atraer mujeres hermosas. Su problema era que las mataba. De ahí el sobrenombre con el que la prensa estadunidense lo etiquetó: El Asesino de la Reina de la Belleza.

Del 26 de febrero al 13 de abril de 1984, Christopher Wilder mató oficialmente a ocho mujeres, aunque existen indicios de que acabó con la vida de varias más.

Christopher Wilder nació en 1945 en Sídney, Australia. Desde temprana edad mostró un interés inusitado por el sexo. Pasaba horas vagando por los vecindarios, asomándose por las ventanas. Era un mirón.

A los 17 fue arrestado por ser parte de una pandilla que violó a una joven. En el año que estuvo detenido recibió terapia de electrochoques, lo que tuvo un efecto contrario en Wilder, quien se tornó más violento.

En un día soleado del verano de 1965, las adolescentes Marianne Schmidt y Christine Sharrock desaparecieron mientras se divertían en Wanda Beach. Sus cuerpos fueron hallados en una tumba poco profunda en la arena. El doble homicidio permanece sin resolver, aunque investigaciones posteriores apuntan a Christopher Wilder como el perpetrador.

En 1968, quiso sentar cabeza y se casó con una mujer que a la semana lo abandonó después de encontrar en un portafolio decenas de fotografías tomadas por Wilder de mujeres desnudas.

En 1969, Wilder decidió que ya no había mucho por hacer en Australia y se mudó al estado de Florida (EU), donde comenzó una nueva vida, amasando una pequeña fortuna en la industria de la construcción.

Al parecer, el dinero quemaba las manos de Wilder, quien se dedicó a comprar una que otra propiedad y carros lujosos, además de que celebraba fiestas costosas a propósito de cualquier cosa.

Atractivo e ingenioso, con la apariencia de tener mucho dinero y además agradable, Wilder era una especie de Gran Gatsby para sus amigos y conocidos; sin embargo, esa vida de glamur tampoco era para el australiano.

En febrero de 1984, Rosario González, una joven de 20 años, aspirante a modelo, intentaba ganarse unos dólares trabajando como edecán de aspirinas en una carrera de autos. Pronto se casaría y un poco de dinero extra no le caía mal.

Los sueños de Rosario no llegaron más lejos. Mientras la chica abandonaba el evento, Wilder la abordó. Desde entonces no se sabe nada de ella. Se desconoce dónde quedó su cuerpo.

Rosario González fue la primera de ocho asesinatos oficiales de Wilder, quien se acercaba a sus víctimas potenciales diciendo que era un fotógrafo de modelos, una treta que utilizaron otros grandes asesinos seriales como Harvey Glatman y Rodney Alcalá.

Generalmente, Wilder atrapaba sus presas y las llevaba a cuartos de hotel, donde las sesiones fotográficas se convertían en violaciones, tortura y homicidio. Como lo hiciera Ted Bundy pocos años antes, Wilder extendió su masacre por varios estados de Estados Unidos: Florida, California, Texas, Oklahoma, Nevada, Arizona, Illinois, New York, Colorado y Utah.

Christopher Wilder es un desconocido en Australia, su país natal, pero en Estados Unidos fue uno de los 10 delincuentes más buscados por el FBI. Wilder carece del oscuro reconocimiento de Bundy, Gacy, Kemper y Dahmer, pero es, indudablemente, uno de los grandes predadores sexuales del siglo XX.


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