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Lunes , 22.04.2019 / 10:09 Hoy

Cartas de América

Los retos de la militancia política

Jorge Luis Fuentes Carranza

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Para quienes militamos como si caminaramos, militar es una forma de cruzar caminos con otros para juntos alcanzar metas comunes. Y quienes hemos caminado, marchado una y otra vez y conocemos las consignas de la lucha.

O nos hemos preocupado por formarnos y hemos dedicado nuestra vida a entender al mundo y a sus verdugos para poder combatirlos con la mayor eficacia. Quienes antes de logotipos, colores o siglas sabemos de activismo, derechos humanos, justicia social, movimientos sociales o lucha de clases.

Quienes en el ámbito personal, familiar y social hemos atravesado los estragos de enfrentar las injusticias del poder, las de verdad, las que marcan no por mojarse una tarde de lluvia o porque hacen trujir las tripas una mañana; sino las que atentan contra la libertad, la integridad física oponen en riesgo la vida. Las que te señalan en una sociedad extraordinariamente reaccionaria y dura con quien se atreve a pensar distinto.

Para quienes han dejado su vida en el camino por la lucha democrática que hoy nos permite un registro como partido político ante una institución electoral. Quienes hicieron posible salir de la clandestinidad, del oscurantismo, del miedo a ser descubierto y castigado por querer cambiar las cosas. O quienes deseamos honrarlos porque los admiramos.

Sí, quienes antes de pensar en lo individual pensamos en lo colectivo; quienes antes de que hubiera encuestas, o nos dieran entrada en la radio o televisión o existieran las redes sociales, imaginamos un mundo mejor a partir de la contribución de nuestro esfuerzo en una línea de pensamiento que entendía que un día podíamos dejar de ser verdaderas minorías para poder convencer al obrero, al albañil, al campesino, al oficinista, al burocráta y al empresario, de que lo mejor para el hombre en la vida en sociedad, es terminar con los imperios del dinero y sacar a los verdugos de los pueblos para gobernar con y para la gente.

Los que admiramos los brincos en el tiempo que un día dieron en el Brasil de Lula, la Bolivia de Evo o el Ecuador de Rafael; quienes envidiamos a los camaradas de El Salvador por su heroísmo al fin recompensado con la oportunidad de dirigir a su nación, o los que gozamos como nuestro el ascenso del Frente Amplio en Uruguay.

Para quienes el internacionalismo es más trascendente que el nacionalismo, los que anhelamos la globalización de las ideas, de la cultura, del pacifismo y del humanitarismo.

Quienes nos encabronamos con el abuso de las naciones ricas y militarizadas a los pueblos ricos en tradiciones pero pobres en balas; o, nos ofende la hambruna y sentimos casi como propio el dolor de un niño sirio o de un indígena otomí.

Los que por pasado y presente hemos decidido hacer de nuestro futuro y final una lucha constante, desde donde estemos, con quienes estemos, como se pueda y hasta donde se pueda.

Aquéllos que como un servidor no cejaremos como no lo hemos hecho en este tiempo que apenas comienza. Los que vemos en la militancia una responsabilidad asuminada con gusto y la llevamos con orgullo y compromiso.

Quienes cargamos en la cabeza ideales y en el alma convicciones, vemos con emoción y asombro como nuestro pueblo está despertando de su prolongado letargo, que está levantándose y se acerca el momento en el que los sueños de tantos años pueden ser una realidad… justo cuando la patria lo reclama con mayor necesidad.

Aquéllos que vemos con entusiasmo y cautela responsable el 2017, abrimos los brazos para quienes hoy, han decido sumarse, aquellos que dudaron, cuestionaron o simplemente no se atrevieron, vengan de donde vengan.Ya que como dijera Heberto Castillo, “no importa de donde venimos, lo importante es hacia donde vamos”. Y vamos en la dirección correcta, en lo fundamental, con las fallas propias del inmenso proyecto que se tiene en marcha.

Y vamos, todos, a poner el fundamental granito de arena que permita una victoria tan contundente que pueda vencer al régimen y a todas sus trampas; que sea tan organizada, que consiga defender el triunfo que nos merecemos como militantes, como ciudadanos, pero sobre todo, como nación, como pueblo, como pueblos.

Una victoria que no será de unos o de pocos o muchos, sino que llevará el signo y la consigna de la historia de decenas de años de lucha, de millones de personas con esperanza, que mucho antes que nosotros, imaginaron el país que ése triunfo… apenas hará posible.

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