México fue el tercer país que más solicitó entradas para el Mundial de Qatar en lo que fueron las primeras 24 horas de apertura de registro.
Con la noticia, queda claro que para un sector de nuestra sociedad y para gran parte de aficionados del mundo, que en total mandaron 1.2 millones de solicitudes, una Copa del Mundo y su pasión están por encima de diversos temas relacionados a los derechos humanos.
La problemática real es con la región, en donde distintas naciones han estado utilizando desde hace algunos años al deporte como vehículo para un lavado de imagen a nivel internacional.
Dinero hay y la industria del futbol, como muchos deportes, siempre ha buscado alianzas con aquellos entes que le generen la mejor ganancia por su producto. Da igual si se trata de precarias condiciones de trabajo para migrantes, de reglas discriminatorias para la comunidad LGBT o guerras. Lo que sea que esté sucediendo, el deporte es más importante.
En los Emiratos Árabes por ejemplo, sede del Mundial de Clubes del 3 al 12 de febrero, esta semana bombardearon el aeropuerto internacional de Abu Dabi. El conflicto no es nuevo entre la Coalición Árabe con rebeldes hutíes de Yemen. ¿Cómo garantizar seguridad para los turistas que viajan a “disfrutar” de los eventos?
Arabia Saudita por otro lado, no solo auspició el combate por el título de los pesos pesados entre Anthony Joshua y Andy Ruiz en 2019, también se apuntó en un acuerdo comercial con La Liga, como sede de la Supercopa de España en 2020 y 2022. El término acuñado para este tipo de práctica en inglés es Sportwashing.
Naciones con polémicas regulaciones comienzan a posicionarse como poderosos accionistas en el deporte global, en la mayoría de ocasiones, a través de eventos, pero la corrupción o tiranía de algunos gobiernos ya no se puede ocultar con el alcance de información que tenemos hoy en día.
Los regímenes autocráticos ya no pasan desapercibidos en sus intenciones ante las organizaciones de derechos humanos, no por nada la compra del Newcastle de la Premier League por parte de un consorcio apoyado por Arabia Saudita se cayó. Grand Liberty, un grupo involucrado con el tema, reportó que la nación que dirige el Príncipe Mohammed bin Salman invirtió 1.5 mil millones en esta práctica desde que anunció un plan visionario a 2030.
A finales de 2021 estrenaron su GP de Fórmula 1, a pesar de señalamientos de violaciones a derechos humanos, censura y tortura a activistas. Mientras que Baréin, otra nación controversial, tiene uno desde 2004;
Treinta y tres mil aficionados mexicanos viajaron a Brasil 2014 y 44 mil a Rusia 2018. La nueva cifra la conoceremos oficialmente en menos de un año, pero de entrada parece ser que la tendencia, cueste lo que cueste, no cambiará.
Jimena Rodríguez
Twitter: @jiimejime