La situación en el Sistema de Transporte Colectivo (Metro) es más complicada y delicada de lo que se sabe. Los números no hablan pero dicen mucho y, en este caso, la fuerte disminución en el total de plazas para ahorros republicanos refleja el por qué el mantenimiento de las instalaciones es deficiente; de que hay dinero, lo hay. Multiplique seis millones de usuarios al día por cinco pesos y 365 días, y resultan 10 mil 950 millones de pesos de ingresos sin contar las rentas de espacios.
El incendio del Metro fue por falta de mantenimiento y le han seguido el descarrilamiento de un tren por falta de lubricación en el bugie entre el sexto y séptimo carro cuando se dirigía a la zona de maniobras en La Paz de la Línea A, y el martes pasado las aguas negras inundaron vías y escaleras de la estación Zaragoza por falta de atención en los cárcamos que gestionan el paso de aguas pluviales y del drenaje.
Al cierre de diciembre de 2018 el número de plazas de base en el Metro sumó 13 mil 524 con una ligera reducción a 13 mil 507 al terminar 2020; las plazas de confianza se mantuvieron con mil 244. La diferencia está en que bajó 5 por ciento la ocupación de las mismas.
Al concluir 2018 el total de plazas vacantes en ambas áreas sumó 422, y al cierre de 2020 alcanzó mil 125, un incremento de 166.58 por ciento.
Esta es la estúpida austeridad a la que me he referido, agravada por el hecho de que la pandemia obligó a trabajadores del Metro (se habla por lo menos de 500) a permanecer en sus casas por ser población en riesgo, según acuerdo del 25 de marzo pasado; muchos son técnicos altamente calificados en transportación, instalaciones fijas, material rodante y seguridad institucional.
Lo peor, las autoridades del STC buscan apoyo de asociaciones de ingeniería y de instituciones de educación superior para que las refuercen en diversas disciplinas, incluso con servicio social. No se les pagaría a sabiendas de que no es cualquier cosa lo que harán. ¡Ufff!
Cuarto de junto
De acuerdo con el Imco, Sonora es el estado menos afectado en su economía por la pandemia gracias a la mayor diversificación y a que aplicó las mejores estrategias de certidumbre a la inversión, innovación en salud, responsabilidad fiscal y control de la seguridad… La firma de origen chino QIMA, de Sebastien Breteau, adquirió a Normalización y Certificación NYCE, de Carlos Pérez, para aumentar su presencia internacional y en México. QIMA es líder global de servicios de cumplimiento y control de calidad que se asocia con marcas para proteger y optimizar su cadena de suministro; NYCE es el organismo de estandarización y evaluación de la conformidad más grande de México con servicios de pruebas de laboratorio, verificación y certificación conforme a las NOM, NMX y estándares internacionales ISO/IEC.
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