Desde la vida de ciudadanos nos toca experimentar un uso variadísimo del agua y en todos esos usos está el ansia de beber, como nos lo relata el Evangelio de hoy, que Jesús de Nazaret le pidió de beber a una mujer samaritana, en tiempos en los que ni los samaritanos ni los judíos se trataban bien en fuerza de sus antiguas rivalidades.
Ambos tienen sed pero sus ansias son distintas en sabores y en satisfactores.
Jesús de Nazaret tiene una sed distinta de la que sabe la samaritana. Sí se entienden, pero los procesos para beber el agua saludable están bajo la mira y cargo de Jesús.
Jesús de Nazaret platica con la mujer que ha tenido cinco maridos y así como es ella, se le puede escapar al último.
Pero la sed de Jesús es que ya componga la ruta esta mujer ágil de mente, conocedora de los libros sagrados antiguos, por lo que platica, y bien relacionada con la gente de su pueblo al que le tiene confianza y la gente también siente confiar en ella y es amiga de todos.
El hablar tan libre de Jesús de Nazaret y de la samaritana, abre el camino entre ambos, con el beneficio de la salvación para la samaritana.
Jesús de Nazaret anda en su misión de predicador del Reino de Dios del que no se excluya a nadie.
Es un reino de amor y de misericordia pero ahí no caben los abusivos, los logreros.
Con él, todo el trato es sincero, leal y se camina con el esfuerzo permanente de la rectitud, por esta razón, no importan los cinco maridos de la samaritana, lo que importa es que se deje rescatar por la enseñanza evangélica la valiosa samaritana.
El mundo moderno necesita muchas samaritanas, muchachas y casadas, que se la rifen buscando el respeto a su dignidad femenina tan pisoteada en la mayoría de los casos, pero que poco se preguntan en la culpabilidad que las mismas mujeres, en buen número de casos, son culpables del machismo que se desarrolla en los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos.
Es inútil destruir monumentos con la marca del odio del odio, de reclamo secular.
Otros son los caminos, y muy buenos caminos para sanear a nuestra sociedad desigual, pero hay que caminarlos con gozo no con reniegos de sobra.