Política

¿Quién es el pueblo?

El pueblo mexicano ha perdido su identidad. La política no hace más que separarnos. 

La necesidad del mexicano es la misma, sus posibilidades también. 

Le pregunto, estimado lector, ¿qué ha cambiado? Nuestro día a día sigue igual, no tenemos mejores oportunidades. Ahora, y como ha sido siempre, el mexicano construye su propio futuro. 

Entonces, ¿de qué pueblo habla el gobierno? ¿A quién se le ha ayudado?

No hay que negar el intento del actual gobierno, y aunque tengan buenas aportaciones, han hecho un grave error: denominar al “pueblo” de México. 

Han creado esta clase llamada “oposición”. Claro, todo aquel que se encuentre oponiéndose al gobierno actual, no es parte del pueblo de México. 

Podríamos ignorar esta distinción, si amenazara la integridad constitucional y patriótica.

Se supone que la soberanía recae sobre el “pueblo”. 

Asumimos que el pueblo es quien debe pedir los cambios a la constitución, quien debe exigir sus derechos y quien debe cambiar el statu quo del país. Pero, repito, ¿a quién debemos preguntarle? ¿A todos? 

¿Debemos juntarnos en un estadio a decidir? El constitucionalista promedio diría que no. La respuesta recae sobre la suposición de un pueblo, abstracto.

Respeto la conclusión. Aun así, surge una pregunta esencial: ¿de dónde sacan sus ideas los legisladores? 

¿Es correcto tener una de las constituciones más reformadas del mundo? ¿Quién pide el cambio? 

La respuesta oficial respondería: del pueblo. Pero, es erróneo, ¿a quién preguntaron? A nadie. 

Nuestro Congreso de la Unión se ha convertido en un circo. 

Tenemos a partidos políticos faltándose el respeto uno al otro; cualquier sesión parece más campaña que un proceso legislativo. 

Entonces, la soberanía recae sobre el legislador, quien representa a un pueblo cuya única identidad es la de estar de acuerdo con su ideología política.

Nos han convertido en un armamento político. 

Cada mexicano se ha dejado de ver como un ser humano, ahora solo es un voto. Así, lo único que nos queda como escudo ante la injusticia que podrá hacernos un día el gobierno, es la constitución, ¿verdad? Sí. 

Por esto, no podemos permitir que se nos trate de esta manera. 

La rigidez de la constitución es inexistente en este país; la hegemonía en el Congreso de la Unión permite cambiar nuestra carta magna al interés actual del gobierno.

Entonces,¿quién socorre al pueblo? En estos momentos, nadie. El

legislador es ahora el pueblo. La población mexicana debe recuperar su estatus como el verdadero soberano de la nación, cuyo

gobierno es solo representación, nunca esencia.

Permitir este egoísmo político es impensable en una nación que se considera federal, republicana y democrática.

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Jesús Antonio Mendoza
  • Jesús Antonio Mendoza
  • Estudiante de Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Colaborador en la sección de literatura de Telediario Radio y El Supuesto, periódico universitario del ITAM.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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