Política

Todos coludos o todos rabones

  • Ekos
  • Todos coludos o todos rabones
  • Javier García Bejos

No hay en la tarea cotidiana del servidor público algo que sea más complejo y doloroso que atestiguar las diversas dimensiones de la pobreza. Este es el gran pendiente que nuestro país tiene que superar, y en el que las buenas intenciones no son suficientes para entregar resultados.

Muy temprano en la administración del Presidente Peña Nieto, inició la Cruzada Nacional contra el Hambre, surgida en primer lugar del reconocimiento de la grave situación por la que atraviesan millones de mexicanos, y segundo, de entender que lo que estábamos haciendo hasta ese momento no había sido suficiente.

Si bien cada vez más mexicanos tienen acceso a la salud, vivienda, educación, agua y luz, la multidimensionalidad de la pobreza requiere acciones transversales y de fondo que puedan alinear esfuerzos por parte de todos los órdenes de gobierno. En este sentido, cada mexicano sin oportunidad es un mexicano que queda atrapado en un círculo donde las inadmisibles brechas de desigualdad se abren más, y las condiciones necesarias para liberarlo de esta problemática se acrecientan.

La eficiencia de las políticas públicas es entonces fundamental, pero no es lo único. A finales del año pasado, Eruviel Ávila y José Antonio Meade instrumentaron una serie de acuerdos que permitirán a los gobiernos federal y estatal ejecutar de mejor manera las herramientas de la política social.

Saliéndonos del escritorio y reconociendo las realidades de las distintas regiones y de los grupos más vulnerables, el problema se atacará por flancos distintos: desde las carencias más básicas hasta aquellas deficiencias que tienen que ver con derechos que se plasman en las leyes pero no en la vida cotidiana de la gente. Esta gran pelea, sin embargo, la tenemos que dar desde el gobierno, pero también nos deben acompañar todos los mexicanos.

En la oficina de la Secretaría del Trabajo realizamos durante diciembre una gran colecta de juguetes. Nuestra sorpresa fue grande: habíamos logrado reunir entre todos más de cuatro mil juguetes, con la emoción de llevarlos a los lugares donde los niños necesitaban una buena razón para sonreír. Por ello, a lo largo de este mes nos dimos a la tarea de entregar esos juguetes y ahí, como siempre, escuchamos a la gente y les preguntamos sobre los programas que llevábamos. En esa oportunidad me quedó claro que hace falta que todos los mexicanos seamos más solidarios con esta causa.

El gobierno no podrá por sí solo vencer la pobreza, ya que para hacerlo debe existir la sensibilidad para reconocer lo mucho que podemos aportar, desde un juguete, hasta defender en un centro de trabajo los derechos laborales de los trabajadores.

Por eso me quedó grabado el comentario de una señora mayor, quien afligida nos agradeció por los programas que la ayudaban a tener un ingreso y una mejor alimentación. Además, mencionó que la estaban atendiendo bien en el médico, pero me dijo que lo más importante era que las pocas veces que salía de su colonia, se daba cuenta de que las cosas iban mejor; había más edificios, ya no había vochos en las calles y en contraste con su época cuando faltaba todo, ahora ya faltaban cada vez menos cosas.

Al final, me dijo que ella creía que para que no hubiera tantos pobres, a la hora de ayudar debería ser que estuviéramos todos coludos o todos rabones, que le teníamos que entrar y todos teníamos algo que hacer... hasta ella. No tengo duda, que tiene razón.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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