Robert De Niro lleva años señalando la naturaleza canallesca y miserable de Donald Trump en su papel de dictador entre dictadores. Igual que muchos de nosotros se levanta todos los días y mira el celular con el temor de encontrar lo que se suele encontrar: un nuevo ejercicio de locura, disociación de la realidad, amenazas, mentiras, fachosidades y cosas siniestras emanadas de la mente derechueca del Cheto tamaño caguama.
Harto de ver cómo este ser extraído de un delirio castroso neoliberal se convierte en una fábrica de fachosidades putrefactas, el mítico actor convocó a la marcha de todas las marchas llamada No Kings, donde millones y millones salieron a manifestarse contra el pelos de elote.
Así, apoyado por el jefe Bruce Springsteen y Jane Fonda, y por personas de todas partes, don Robert logró consolidar un rechazo generalizado y multitudinario contra Trump en su etapa más pinochetista.
No es la primera vez ni la última en que el imperio trumpista será puesto en la picota. La humanidad le hizo saber que no quiere guerras, invasiones ni nada de sus delirios imperialistas.
En muchos sectores en Estados Unidos no solo pidieron la terminación de la absurda guerra en Irán (que además va perdiendo gachamente mi Donald) sino que exige el cese intervencionista criminal contra Cuba.
A los Krauze se les olvida lo solidaria que ha sido Cuba con todos los pueblos del mundo (ahí está su vacuna contra el Covid), fanatizados como están los trumpañeros, tienen el sueño húmedo de ver a Cuba convertida en una nueva Gaza.
Una isla de Epstein para la Loka Academia de Satanyahus que alegan que su dios es el chido y todos los demás no merecen vivir.
Es increíble que ante las evidencias de un “genocidio sin bombas“ como le llama la gran periodista Alina Duarte (quien ha reportado desde La Habana la entrega de los apoyos llegados desde México, nomás para callarle la boca al vociferante tío Pinchi), la ultraderecha mediática mantenga un discurso donaldiano con la esperanza de ver arrasada a la isla para que Marco Turbio de ser el nuevo Fulgencio Batista, más facho que nunca.
Uno de los momentos más emblemáticos del No Kings fue la representación de la Historia de la sirvienta, una serie donde un régimen autoritario, ultracoservador e híper capitalista que convierte a las mujeres en sirvientas y a los hombres en esclavos, se impone en Estados Unidos.
A Trump le pasó lo peor que le puede pasar aún autócrata sátrapa: aunque su plan es generar terror a través del autoritarismo, fue ridiculizado.