Política

De la segunda regencia al Imperio de Iturbide

Hace casi 200 años, México estaba en su definición como nación. En el proceso de Independencia de España, el país trabajaba en la instalación de los poderes que condujeran sus destinos.

La primera idea, poco conocida, fue la instalación de un gobierno colegiado. Se optó por una regencia compuesta por cinco hombres que duró más de seis meses; luego apareció una segunda regencia que al final, dio paso al Imperio de Iturbide.

Tal vez, los integrantes del gobierno colegiado nunca se pusieron de acuerdo o tal vez, atraía más la idea de un hombre que pudiera encabezar la construcción de la nación.

La segunda regencia fungió del 11 de abril de 1822 al 19 de mayo de 1822, es decir, un mes y ocho días.

Los estudios del investigador de la UAP, Israel Arroyo García, revelan que la regencia fue electa por el primer Congreso Constituyente. El Acta Constitucional del 11 de abril de 1822, revela que durante la sesión se presentó la regencia electa en sesión secreta, la cual, se integró por Agustín de Iturbide, José Isidro Yáñez, Nicolás Bravo, Casa de Heras y Miguel Valentín.

En el relato de la sesión, se destaca que Miguel Valentín no concurrió. “En seguida presentaron el juramento del reconocimiento y obediencia al Congreso los señores Heras y Bravo, y no los otros Señores regentes por tenerlo prestado anteriormente”, explica el acta. En la sesión, se solicitó “patriotismo, sabiduría y probidad”, a los individuos que la componían. El presidente de la regencia, Agustín de Iturbide, contestó con “mucha oportunidad en pocas palabras, y se retiró con los demás señores regentes. A petición del señor Echenique se leyó al público el decreto en que se nombraba la nueva regencia.

El 19 de mayo de 1822, día en que concluyó la segunda regencia, se realizó la elección constitucional y el 21 de mayo Agustín Iturbide juró ante el Congreso como emperador de México.

“He admitido la Suprema Dignidad a que me eleváis, después de haberla rehusado por tres veces, porque creo seros así más útil; de otro modo preferiría morir a ocupar el Trono”, expresó Iturbide en su juramento.

En esa sesión, el Congreso pidió a Iturbide que hiciera cuanto pudiera para calmar la efervescencia de la población. De alguna forma, en Iturbide estaban sentadas las esperanzas de una mejor realidad pero el poder es el poder y la historia coloca a Agustín I como traidor.

jaime.zambrano@milenio.com

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Jaime Zambrano
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