Internacional

Irán, Europa y el mundo árabe: el ataque unilateral que reescribe el orden mundial

  • Columna de Jaafar Al aluni
  • Irán, Europa y el mundo árabe: el ataque unilateral que reescribe el orden mundial
  • Jaafar Al aluni

No condenar el ataque unilateral estadounidense-israelí contra Irán y no realizar un esfuerzo real y urgente para detenerlo constituye un grave riesgo para Europa, y en particular para el mundo árabe. Reclamar el fin de la guerra no implica absolver al régimen iraní de sus errores ni ignorar sus violaciones. Sin embargo, esta agresión revela, en esencia, la naturaleza del orden mundial emergente y la naturaleza de la relación que Estados Unidos impone a la Unión Europea: una relación que amenaza con desestabilizar a Europa política, cultural y económicamente. También indica que Washington ha comenzado a tratar al continente como una esfera subordinada, más cercana en su posición al mundo árabe, totalmente sometido y resignado.

Tras décadas en las que se ha impuesto el modelo de cultura consumista en las sociedades europeas —forjado bajo la influencia de la visión estadounidense del mundo—, el ciudadano europeo vive hoy en el punto máximo de su desgarro social, condicionado por la cultura del consumo, arrastrado por un aparato mediático ideologizado y dirigido, y por una cultura tecnológica autónoma que arranca al ser humano europeo de sus raíces y lo empuja hacia el vacío del absurdo y la incertidumbre. El modelo cultural estadounidense, en la vida, en las formas de pensamiento y en sus métodos, está transformando la identidad europea. No hay duda de que esta cultura consumista y tecnológica promovida por Estados Unidos en Europa está contribuyendo a borrar la identidad de Europa en su sentido más profundo.

Lo mismo ocurre en la política: Europa adopta hoy, en muchos ámbitos, la misma mirada estadounidense sobre el mundo: en Ucrania, en Gaza, en Siria, y ahora en Irán. A quien Estados Unidos señala como enemigo, Europa se apresura a considerarlo también como tal, en distintos grados, integrada en la misma dinámica o incapaz de salir de ella. Y hoy, el escenario es Irán.

Sabe Europa perfectamente que este ataque contra Irán no es consecuencia de sus errores ni de sus políticas regionales. Se trata de una acción impulsada por una agenda geopolítica. En ella, las potencias agresoras se visten con el ropaje de la justicia y la libertad para justificar lo que en esencia es una lucha por la hegemonía y la influencia. No se trata de combatir dictaduras ni de defender el mundo libre. Estados Unidos acumula un largo historial de apoyo a regímenes autoritarios o de sustitución de gobernantes por otros afines, desde América Latina hasta Irak, Libia, Afganistán y Siria. Israel, por su parte, arrastra también una historia marcada por masacres y genocidios.

Tampoco se trata de frenar el programa nuclear iraní, algo que habría podido resolverse por la vía de la negociación. Ni de solidarizarse con la oposición iraní o con las mujeres oprimidas. Tampoco el objetivo es, como se afirma, promover la democracia, la libertad o los derechos humanos en Irán, ni erradicar la pobreza o la ignorancia, ni secularizar o liberar a la mujer. No. Ese no es el objetivo. El problema no reside únicamente en el régimen iraní. El verdadero objetivo es eliminar todo lo que se opone al proyecto israelí de dominación de Oriente Medio, en lo que se denomina “Gran Israel”. Para llevar a cabo este proyecto se emplean todo tipo de pretextos: la amenaza nuclear iraní, la defensa de la democracia y los derechos humanos, y los argumentos del derecho internacional, todos ellos como cobertura de una estrategia que es, en esencia, una guerra de dominación, control y sometimiento.

Pero la pregunta crucial emerge aquí: ¿qué significa que Europa sea incapaz de detener una guerra de esta magnitud, iniciada de forma unilateral y al margen de la legitimidad internacional?

Esta incapacidad revela una mutación profunda en el lugar de Europa dentro del sistema internacional. Significa, en la práctica, que la conciencia política estadounidense ya no considera a Europa como un socio igual, sino como una extensión subordinada, un espacio anexado a la decisión estadounidense, convocado para apoyar o guardar silencio, pero no para participar en la toma de decisiones. Es decir, Europa está siendo reclasificada progresivamente como un “tercer mundo político”, independientemente de su peso económico o su legado histórico.

Los indicios son múltiples: la imposición de un enfoque determinado en la guerra de Ucrania; la gestión del conflicto en Gaza; la retirada unilateral de Estados Unidos de acuerdos internacionales sin considerar a sus aliados europeos; la adopción de decisiones clave en cuestiones de guerra y paz sin consulta real; o la imposición de sanciones y políticas a las que Europa se ve obligada a adaptarse, incluso cuando contradicen sus propios intereses.

En el caso actual, resulta evidente que Washington no ha esperado una posición europea ni ha buscado cobertura política en ella, sino que ha actuado según la lógica de la fuerza, dejando a Europa la opción de alinearse o limitarse a observar.

La incapacidad de Europa para detener esta guerra no solo implica su continuidad, sino que consolida, en esencia, la posición de Europa como un actor subordinado en un sistema internacional que se redefine por la fuerza y no por la cooperación.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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