En el libro publicado por El Colegio de la Frontera Norte, que compilan los expertos Susana Bercovich H. y Salvador Cruz Sierra, "Topografías de las violencias. Alteridades e impasses sociales", uno de los textos resulta especialmente elocuente.
Se trata de "Memorias de dolor: violencia social y homicida en Ciudad Juárez" y está escrito por el propio coordinador del volumen, el doctor en Ciencias Sociales y académico d El Colef, Salvador Cruz Sierra.
El estudio analiza la situación que al cierre de 2015 vivían hombres y mujeres jóvenes de esa ciudad fronteriza, donde como precisa el autor a partir de 1993 se comenzaron a registrar desapariciones y asesinatos de mujeres, junto a la aparición de cuerpos severamente torturados, vejados sexualmente y abandonados en lotes baldíos, basureros y cementerios clandestinos. Esto, afirma, "marca el inicio de un fenómeno que toma como principal víctima a mujeres que son jóvenes y pobres" –muchas de ellas vinculadas al trabajo en las maquilas– "y constituyó el inicio de la densa violencia social que advendría y se expresaría de múltiples formas".
Para 2008, el fenómeno de la violencia homicida ya se había desbordado sobre otro sector social, hombres, igualmente pobres y jóvenes. Según Salvador Cruz Sierra, de 2008 a 2011 se registraron en la ciudad más de 10 mil asesinatos violentos, dentro de los cuales 400 corresponden a mujeres ya que, contrario a lo podría pensarse, "el 95 por ciento de las víctimas de la violencia homicida son hombres, en su mayoría jóvenes y pobres".
Una de las explicaciones es que el crimen organizado, como actividad socialmente organizada, dice el autor, también ha tomado como rostro el masculino, tanto en los niveles de dirección como en la base donde por lo visto predomina la regla implícita de "primero matas, luego eres asesinado".
El también investigador del Sistema Nacional de Investigadores (SMI) del Conacyt afirma que en esta violencia "sorprende la brutalidad de los acontecimientos criminales", en particular el terror y la crueldad que caracterizan a los homicidios cometidos, "lo que lleva a preguntarnos por la razón de ésta, por la capacidad de quienes realizan estos actos, por la sociedad que los genera, los tolera y, en general, por el sentido e identificación con la humano. Pero –agrega– también permite pensar la construcción de la masculinidad y el sentido que se configura de la juventud".
Pero lejos de pretender dar una visión "victimista" y fatalista del problema de la violencia social en el caso de esta emblemática ciudad, situada en la frontera México-Estados Unidos, Ciudad Juárez-El Paso, el autor busca explicar el entrecruzamiento de violencias y el vaivén "entre los sentidos del borroso límite entre bondad y maldad, víctima y victimario, legalidad e ilegalidad, entre otras dicotomías"
Para ello, Salvador Cruz Sierra retoma el extenso testimonio de uno de sus entrevistados, Ángel, seudónimo de un hombre de 32 años, quien comparte con él su experiencia de vida como pandillero desde un contexto familiar de violencia, usuario de drogas y hoy convertido en artista urbano después de años de conocer la discriminación y la segregación social. Ángel se asume como un criminal que dañó la ciudad pero que ahora encuentra en el arte una forma de dar salida a la maldad y de compensarle el daño ocasionado a la sociedad, como él mismo afirma.
La entrevista le sirve al académico del Colef, la prestigiosa institución de investigación científica y docencia de alto nivel con sede en Tijuana, Baja California, para reflexionar sobre las prácticas de violencia y las nociones del ser hombre que pueden ser "captadas" mediante la narrativa de los testimonios directos y la memoria; cuando ninguna experiencia, además, "puede ser estudiada sin considerar dimensiones generales como la estructura social en la cual el sujeto elabora su experiencia a partir de las opciones que dispone la cultura". Pero no hay que olvidar, sostiene, que si bien se trata de "un sujeto, construido y determinado", también lo es "activo y con posibilidades de 'reposicionarse' frente al orden cultural imperante, resistirse a él e, incluso, transformarlo".