Cultura

Richy Cárdenas y los herederos del mambo

Mario Alberto era un niño cuando por primera vez vio tras bambalinas a Dámaso Pérez Prado, El Rey del Mambo, mientras dirigía la orquesta en el Teatro Blanquita. El padre de Mario tocaba la trompeta.

Pasó el tiempo y 50 años después surgió Los Reyes del Mambo, orquesta que antes de la muerte de Pérez Prado, en 1989, formó el padre de Mario Alberto con músicos que acompañaban al creador de ese ritmo.


Los recuerdos aparecen entre algunos herederos del mambo, con Mario Alberto Cárdenas Matus a la cabeza, cuyo padre, del mismo nombre, tuvo su última presentación con Los Reyes en 2017.


Y ese magno concierto fue en el zócalo capitalino, con músicos del legendario Pérez Prado.



Tres integrantes de Los Reyes del Mambo están en un estudio de la colonia Roma. El primero en hablar es el director:

“Mi nombre es Mario Alberto Cárdenas Matus y me dicen Richy, Richy Cárdenas; tengo 61 años y empecé a los 17 tocando la guitarra. Mi papá, Mario Cárdenas, tocó el sax tenor y el sax alto, el fagot y la flauta”.


De joven el padre dirigió una orquesta en Xalapa, Veracruz, donde su audacia lo llevó a conocer a Pérez Prado.

—¿Qué le contaba su padre?

—Que se metió hasta donde estaba el maestro Pérez Prado, pues lo había cautivado; tiempo después cuál sería su sorpresa que, al llegar a Ciudad de México, fue a ver al maestro Julio del Razo, delegado de la orquesta Pérez Prado. Esto fue entre 1967 y 1968.

—¿Y después?

—Lo escuchó el maestro Del Razo, y fue cuando entró a la orquesta como saxofonista. Ingresó con el saxofón tenor. Después tocó el alto. Y así lo llevó el maestro Pérez Prado, quien decía que tenía más sonoridad el alto.


Su padre estuvo alrededor de 15 años con Pérez Prado. En ese lapso recorrió varias partes del mundo.

“Él tiene la idea de seguir con el legado del maestro Pérez Prado, que ya andaba mal de salud”, comenta Richy, que a su vez, en noviembre de 2017, se hace cargo de la batuta por sugerencia del padre, quien falleciera ese mismo año, a los 79 de edad, después de toda su vida como músico.

—¿Qué le dice su papá?

—“Te dejo la orquesta, ponte a estudiar y adelante”.

***



Y se confirma el nombre de Los Reyes del Mambo, con el agregado de Orquesta de Pérez Prado.

Luego, vendrá la suplencia de los descendientes, pues “los maestros”, como dice Richy, empiezan a fallecer.

“Es un legado que nos dejan, pues realmente el sonido del mambo es mexicano; porque el maestro Pérez Prado, que en paz descanse, vino a México a exponer su ritmo con músicos mexicanos”, insiste Richy.

Otros, en cambio, dicen que ese ritmo nació en Cuba y en México lo populariza Pérez Prado y Benny Moré.

Pero ese es otro cantar.

Lo que ahora importa es que Los Reyes del Mambo, orquesta de Pérez Prado, interpretan ese ritmo, sin que ello signifique de fácil ejecución.


“Sí, porque vas a cualquier lugar del mundo y tocan mambo, pero no tienen el mismo swing, el mismo filin, el mismo sentimiento de los mexicanos”, aclara Richy Cárdenas, quien siempre lleva en la mano el sombrero tipo panamá de su padre, mientras él usa otro parecido.

—¿Y qué siente usted ser heredero?

—Es un compromiso muy grande seguir con este legado, un poco difícil y cansado por la ejecución de cada instrumento.

Pero el coronavirus los ha mantenido paralizados, como a todos los músicos, y con proyectos anulados.

“Nos íbamos a presentar en la Sala Ollin Yolixtli, con la Orquesta Sinfónica de la UNAM, pero no se pudo; también se cancelaron otras presentaciones”.

Solo esperan la luz verde.

***

En la plática interviene Ángel Robledo, cantante y cofundador de Los Reyes del Mambo, hijo de Mario Robledo, uno de los intérpretes de la orquesta de Dámaso Pérez Prado. Toca la guitarra y las percusiones, además del piano, con el que acompaña su voz en un bar de Lindavista.


—¿Usted conoció a Pérez Prado?

—Sí, porque mi papá era cantante de la orquesta; de los pocos que grabaron con él. Lo que pasa es que Pérez Prado nunca daba crédito a los cantantes ni a los músicos. Pero los antecedentes ahí están.

—¿En dónde lo conoció?

—En unos estudios que se me hacían enormes. Yo tenía 6 años. Mi padre fue de la generación de Benny Moré, Lalo Montané y Tony Camargo.

—Y ahora tiene una herencia de su padre.

—Sí, porque los músicos mexicanos debemos impulsar lo que es de nosotros que, aunque el mambo nace en Cuba, se desarrolla aquí, en los años 50, básicamente con las grandes películas mexicanas.

Y para amarrar revela:

—En una ocasión, y Javiercito no me dejará mentir, alternamos con el maestro Enrique Jorrín; entonces al director se le ocurre tocar un popurrí de mambo, y cuando bajamos a saludar al maestro Jorrín, nos dijo: “El mambo, como en México, no se toca a nivel mundial”.

—¿Enrique Jorrín?

—Así es, el papá del Chachachá. Cuidado. El maestro así nos dijo y felicitó a los muchachos. Estamos hablando de 1984, antes del temblor, en el Gran Salón de Ciudad de México.

Atestigua su dicho Héctor Javier Xolalpa, de 81 años, otro de los integrantes de Los Reyes del Mambo, quien desde la adolescencia toca la trompeta; y lo ha hecho en orquestas clásicas y la Banda Sinfónica de la Marina, donde estuvo 34 años, como trompeta principal.

—Desde niño…

—Sí, porque mi abuelo, mi familia, eran músicos. Mi padre, Artemio Xolalpa Bueno, fue el arreglista del Himno Nacional que tocan en la Marina; se retira y fue director de la Banda de Policía.

—Descendiente de músicos.

—Sí, mi abuelo era director de la banda de mi pueblo, Santa María Moyotzingo, Puebla.

Fue el que me enseñó.

Xolalpa ha participado en grandes orquestas, y lo que más recuerda como trompetista de Los Reyes del Mambo, Orquesta de Pérez Prado, es la presentación en el parque de beisbol de Los Dodgers, en Los Ángeles, California. “Estaba llenísimo, fue un éxito fabuloso”, expresa.

Le salen anécdotas como borbotones. “Es que como músicos tenemos la oportunidad de recorrer parte del mundo”.

—Pero con la pandemia…

—Sí, la pandemia vino a dar al traste con todo, porque no hemos tenido trabajo, pero la esperanza muere al último: que pase esto y a seguirle, hasta que nos llamen de “allá arriba”.

—alza el índice—, porque para mí es un trabajo muy edificante.

—Y ver la alegría de la gente.

—Eso es lo otro. A mi me dice mi familia: “Ya no trabajes”. Y yo digo “quéee”, “yo voy a trabajar hasta que me muera”. Si yo me muero en un escenario, sería la muerte más bonita, porque yo nunca voy a dejar de tocar mi trompeta. Y diario, diario, diario estudio.


Y aquí están con sus recuerdos, listos para hacer sonar sus instrumentos y entonar aquella canción que Benny Moré hizo famosa y que a la letra dice: “Pero qué bonito y sabroso bailan el mambo los mexicanos, mueven la cintura y los hombros igualito que los cubanos”.

Humberto Ríos Navarrete


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