Muchas dudas suscitó el secretario Rubio entre senadores demócratas con su plan de protectorado para Venezuela.
En parte porque lo expuso con claridad, en parte porque es una cosa nunca vista, en parte porque tiene muchos asegunes.
El proyecto es claro: quieren desmantelar la dictadura con los propios personajes de la dictadura.
No quieren invadir y manejar Venezuela, quieren tutelarla desde dentro, obligando a los colaboracionistas a cambiar todo el juego, a cambiar el régimen dictatorial que ellos mismos construyeron.
Una vez estabilizado el cambio de régimen desde dentro, pero tutelado desde fuera, podrá haber una reconciliación con estabilidad política y mejoría económica, a lo cual podría seguir una transición democrática en la que Rubio incluye, explícitamente, a María Corina Machado.
Rubio no pudo decir cuánto tiempo llevará esto, salvo que no durará una eternidad, sino a lo mucho nueve meses.
Todo deriva de actos de fuerza. El principal, después de la sustracción de Maduro, ha sido la toma de control del petróleo venezolano y de los pagos por él que se hacen ya a una cuenta especial ¡en Catar!, bajo control del Tesoro Americano. ¿Por qué en Catar? Para poner ese dinero a salvo de denuncias de acreedores estadunidenses contra Venezuela.
El gobierno colaboracionista de Caracas enviará todos los meses un presupuesto de gastos que la cuenta de Catar aprobará, o no, y pagará como juzgue conveniente.
El tutelaje en tierra se hará a través de la embajada estadunidense, por instalarse, embajada que podemos prever enorme y que será como el núcleo de gobierno operativo dentro del protectorado.
Los colaboracionistas de Caracas han cedido ya en la imposición de una ley petrolera que borra todo lo que hicieron antes. Han cedido en la incipiente, mañosa, liberación de presos políticos. Y en que les manejen el petróleo.
Hay versiones de pleitos y rasgaduras internas. Y muchos desahogos discursivos. Rubio mismo dice que el camino no será fácil, aunque lleva la ventaja de los nombres del juego, la arbitrariedad y el poder. La Casa Blanca aventaja a Caracas en ambas cosas.
La ventaja mayor es no tener restricciones en el uso de la fuerza, razón por la cual puede decir que en principio no la usará.