Dice Javier Prado Galán en su excelente prólogo, a propósito del libro Ética instrumental, un eslabón entre teoría y la práctica de Ramiro Valencia Martínez que:
Ortega y Gasset puntualizó hace ya casi un siglo la importancia de las creencias para vivir.
Llegó a afirmar que “las ideas se tienen” y “en las creencias se está”.
El valor de la creencia fue puesto de manifiesto de manera magistral. Permanecemos en las creencias, allí anclamos nuestro corazón. Es preciso tener fe.
El Maestro Ramiro Valencia lo sabe. Su fe en la ética lo ha llevado a pergeñar este volumen. Volumen que no está, sin duda, ayuno de ideas.
Y qué bella frase “allí anclamos nuestro corazón”.
Frase que, por cierto, entronca con la sensibilidad de aquella sentencia bíblica que conecta o relaciona al corazón como el principal tesoro nuestro.
El libro de Ramiro Valencia Martínez logra el propósito cardinal de poner en el mismo tablero del ajedrez vital la teoría y la práctica de la ética.
La ética como reino de las obligaciones, de las obligaciones que concuerdan con el placer.
¡Ah! Qué belleza: el placer hermanado con el deber: no enemigos ni antípodas: sino aliados y custodios.
Ramiro Valencia afirma:
Ante estos hechos, agravados con el paradigma falaz de que vivimos una crisis de valores o que hemos perdido valores; falaz porque el problema no son los valores en sí ni su jerarquía, el problema es el comportamiento que manifestamos para alcanzar nuestros respectivos valores.
De modo que nuestro comportamiento debe graduarnos como personas, como decreta Baltasar en su novela-museo-río El Criticón.
Mis sinceros parabienes para Ramiro Valencia Martínez, y qué hermosos agradecimientos para Mely, Gabriela y Ana Laura.
¡Bravo!