Gil había pescado una influenza de padre y señor nuestro. Aquello parecía el fin de todos los tiempos: dolores en cada articulación, fluidos permanentes, ojos rojos, fiebres altas, un taladro en la cabeza y un cataclismo moral, una desintegración psíquica. Si el fin del mundo se acercara, le tendría sin cuidado a Gilga pues el juicio final había empezado dentro de su cuerpo. En ésas estaba cuando vio entre la neblina de la influenza una fotografía en la primera plana de su periódico El País en la cual Liópez abandona la OEA acompañado de dos de sus colaboradores. ¿Es él?, se preguntó Gamés. Sí, el mismo que viste y calza con un bastón de cuatro patas y sus papeles en la mano: John Ackerman, el colaborador de su revista Proceso y su periódico La Jornada, el archiloco de los radicales jurídicos y viejo conocido de esta página del directorio.
La nota de Nicolás Baeza explica que Liópez criticó en Washington, ante la Organización de Estados Americanos, las medidas antimigración de Trump: “En un gesto más simbólico que efectivo, el aspirante presidencial de Morena pidió al organismo que solicite detener las deportaciones masivas de mexicanos”. Hace unos días, Ackerman escribió en su periódico La Jornada un artículo titulado “AMLO es mi gallo”, esta pieza terminaba así: “La reciente andanada de ataques contra L(i)ópez Obrador responde a un solo propósito: apagar el fuego de la esperanza ciudadana que cada día se esparce con más vigor por todos los rincones de la República. El tabasqueño merece el apoyo de todos los ciudadanos libres del país. Yo sí votaré por AMLO”.
Un mes después y como por arte de la magia de la bruja Escaldufa, Ackerman aparece como un asesor en materia jurídica internacional de Liópez. Como diría Clavillazo: ¡Nuunca me hagan eso! A eso se le llamaba antes, y después, venderle la pluma a un político. Felicidades, Mr. John.
Renovado
Gamés se ha convencido de que el género humano desaparecerá por una gran epidemia de influenza. Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, la gira de Liópez por Estados Unidos le ha salido cara. Cuando uno de los padres de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa lo apostrofó y lo encaró pidiéndole cuentas y explicaciones del apoyo que Liópez y su partido, el PRD, le dieron a Abarca, le contestó que era un provocador. Como siempre, Liópez perdió los estribos y le dijo que le preguntara al Ejército mexicano y al presidente Peña por esas desapariciones.
Gran metida de pata. Hasta el cuello. ¿O sea que Liópez cree que el Ejército se llevó y desapareció a los jóvenes aquella noche terrible en Iguala? Por cierto, eso es lo que sostiene John
Ackerman. ¿Y qué dirá de todo esto el secretario general Cienfuegos? Mala idea para un candidato enemistarse con el Ejército. Cierto: está en la naturaleza de Liópez perder los estribos, gritar ¡cállate!, llamarle provocador al que le pregunta por su hijo desaparecido.
Este Liópez renovado y amoroso es idéntico a sí mismo: ¡cállate, chachalaca! Y luego lo repite sin darse cuenta del costo político que le traerá a su plataforma de amor.
Amor
Este episodio abre la última puerta hacia la noche de Liópez. Bienvenidos a su gustada sección 2018: La salida. Decadencia y renacimiento de México: “Como ya he abordado con amplitud los temas de honestidad y justicia, ahora expreso el fundamento para hacer posible la existencia de una república amorosa, concepto que he venido definiendo y delineando en años recientes (…). Por eso mi propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad”.
Gilga se imaginó que después de esta homilía, Liópez se molesta mucho con quienes no atienden a su discurso y les dice: ¡cállense! ¡provocadores! Y los saca con amorosos empujones de la iglesia de Morena. Ah, l’amour a la famille (no el restorán de moda).
Gil no podrá tomar la copa como todos los viernes con amigos verdaderos porque la influenza lo ha postrado, sometido, ofendido y humillado (ido-ido, ado-ado). Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), la frase de Holbach se combinará con Tamiflú, la tableta de oseltamivir: La ignorancia y el error son manantiales de mal humor.
Gil s’en va
gil.games@milenio.com