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Jueves , 18.04.2019 / 08:19 Hoy

Capitolio

Generación antisistema

Gerardo Hernández

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Pocos gobiernos han tenido un final tan desastrado como el del presidente Peña Nieto. La situación actual es peor que la de hace 24 años, cuando Ernesto Zedillo llevaba las riendas del país. El tecnócrata comprendió su circunstancia, y al salvarla a ella se salvó a sí mismo. Además de superar la crisis económica que heredó de Salinas de Gortari y de equilibrar las finanzas, promulgó leyes que hicieron posible la alternancia. Las reformas del político calaron negativamente entre los mexicanos y en la mayoría de los casos no cumplieron las expectativas de empleo, bienestar y riqueza prometidas. 


El triunfalismo del sexenio feneciente terminó en derrota y la esperanza, de nuevo, en frustración.


Entre los últimos años de la administración de Zedillo y el presente nació una generación de que no conoció al PRI de sus padres ni el de sus abuelos, sino el de Peña Nieto y una panda de gobernadores que empobrecieron a sus estados y se enriquecieron; ellos, sus familias y sus cómplices. Son justamente los nuevos votantes y los decepcionados por las alternancias de 2006 y 2012, quienes más apoyan a Andrés Manuel López Obrador, y a Ricardo Anaya en segundo lugar.


Los jóvenes, como los adultos, abominan de la partitocracia, de la corrupción y de la injusticia, de las cuales son víctimas junto con sus padres, hermanos y amigos. Se identifican con AMLO por ser el candidato antisistema y quien mejor les entiende, a pesar de ser populista o precisamente por ello, en la definición del término hecha por uno de los mejores presidentes de Estados Unidos: 


Barack Obama, quien, frente a Peña Nieto y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se asumió como uno de ellos. 


La tecnocracia se ensimismó y canceló puentes con las clases populares. López Obrador promete regresarle a la política el sentido humano. Sin embargo, no es Obama.


El presidente y su partido carecen de argumentos para apelar al apoyo ciudadano. La violencia se recrudeció en los últimos años. La corrupción agravia y la impunidad insulta. 


Frente al descrédito y la presión internacional para investigar y castigar casos como el de Odebrecht y La Estafa Maestra, el gobierno prefiere mirarse el ombligo. 



gerardo.espacio4@gmail.com

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