Hoy me expresaba un amigo su profunda tristeza y decepción por la manera en que una persona conocida de ambos era denostada en las redes por sus saltos de identidad política y otras situaciones que no venían al caso con los señalamientos sobre sus cambios de militancia.
Le expresé que detrás de ese tipo de publicaciones, generalmente anónimas, se esconde la frustración y la mediocridad de mucha gente resentida.
Pero que al final de cuentas, lo que debería de preocupar a la sociedad pensante, es la opinión de las personas verdaderamente preparadas.
El tipo de páginas que publican ese contenido nefasto generalmente no forman parte de los contactos o sitios que tiene agregados en sus redes una persona con un dedo de frente.
Ese nicho de noticias y divulgaciones están pensadas para un sector de la población con un nivel educativo paupérrimo, que celebra y replica los juicios sumarios sin conocer a la persona cuya identidad se denigra en las redes.
Quien lee y difunde ese tipo de contenidos posee el mismo nivel de moral denigrante de los que, desde la trinchera de la cobardía, utilizan seudónimos e identidades falsas para vaciar sus odios más profundos.
Se sabe de antaño que somos el resultado final de la influencia de las cinco personas con quienes más convivimos y de los libros que leemos.
A esto se suma hoy la clase de contenidos visualizados en redes; nuestra atención y nuestro tiempo van a capturar el tipo de noticias en función de nuestro estrato educativo, de nuestro sentido de merecer, de nuestra capacidad para romper la flojera de no pensar o seguir siendo parte de las masas dormidas.
Basta ver la ortografía de los mensajes que una señora indignada publica sobre la mujer que “le roba al marido”, para darnos cuenta del escalón mental y emocional en que vive.
Y cuando revisas la calidad de su redacción, te das cuenta de que posee la misma estatura que su autoestima y su amor propio: en el piso.
Lo mismo ocurre con el tipo nefasto que llena de comentarios misóginos y vulgares una fotografía femenina.
Al igual que los gobiernos que nos rigen, tenemos el tipo de redes sociales que nos merecemos: nosotros mismos las elegimos. _