Cultura

Esas ganas de salir corriendo

  • Semillas de conciencia
  • Esas ganas de salir corriendo
  • Gabriel Rubio Badillo

Años atrás me decía una paciente que sentía unas ganas enormes de salir corriendo de su vida; que ya no soportaba estar al lado de quien no amaba, ni a su familia que la cuestionaba y controlaba… le dije que eso era una fantasía, un recurso carente de realismo que encerraba una resistencia a afrontar la responsabilidad de poner límites, de saber decir no a muchas cosas y a la gente.

Todos hemos sentido al igual que ella, en alguna ocasión por lo menos, el mismo deseo de mandarlo todo al diablo. Pero no es algo tan simple de hacer como se escucha.

Hablé con ella y trabajamos en darse cuenta que estaba queriendo evadir las consecuencias de sus decisiones. Elecciones impulsivas del pasado, que incluían haber elegido a una pareja equivocada; a la que ya no amaba pero tampoco se lo decía en su cara.

Se sentía obligada a ser el tipo de mamá que su familia esperaba y no la que ella podía ser. Se exigía seguir cumpliendo expectativas para no perder aprobación. No se trata de seguir soportando un estilo de vida que no quieres, ni de fingir sentimientos inexistentes o ya muertos.

En la vida real no puedes salir huyendo de nada si eres adulto. Porque las consecuencias te van a alcanzar tarde o temprano. Cuando eres niño, si tienes padres solapadores y alcahuetes, te van a permitir dejar botado el karate o el piano a las tres semanas porque ya te aburriste. Cuando lo correcto es hacerte cumplir por lo menos un semestre o el ciclo de la actividad que tú mismo elegiste.

Y si después de eso decides no continuar, es respetable. Pero las cosas no se dejan a medias. Y esos estilos permisivos de nuestros padres, nos hacen llegar a ser un adulto falto de compromiso con todo y con todos.

En la vida adulta responsable no salimos corriendo; resolvemos. Enfrentamos. Decimos NO a la gente en su cara y con respeto. Decimos “ya no más”. Pero no huimos.

Hay cuentas que pagar, niños por educar, bocas que alimentar. No se huye; se recalcula y se aprende de la experiencia para identificar aquello que no queremos ya repetir.

Cerramos ciclos y empezamos de nuevo. Si sales huyendo, hay algo peor que te alcanzará algún día y no te dejará vivir en paz: se llama culpa. _

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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