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Martes , 23.04.2019 / 17:30 Hoy

Siete puntos

Equivocarse

Francisco Gómez

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1. Durante la cumbre antipederastia, realizada el pasado febrero en el Vaticano, el Papa cometió, en mi opinión, un error que en su momento hice notar. Cuando se le preguntó si la intervención de una mujer en esa reunión significaba para la Iglesia Católica entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, respondió con firmeza que no, “porque al final todo feminismo termina siendo un machismo con faldas”.

2. Sin embargo, en una reciente entrevista, Francisco dio marcha atrás en lo dicho y afirmó: “La frase justa tendría que ser: todo feminismo puede correr el riesgo de transformarse en un machismo con faldas. Me equivoqué con la otra frase”. Me parece que no es habitual escuchar tales declaraciones de un Papa, aunque no es la primera vez que Bergoglio reconoce haber errado con alguna apreciación.

3. El año pasado, después de su visita a Chile, al reclamársele el no atender las denuncias contra el obispo Barros, y afirmar que no tenía pruebas en contra del prelado, tuvo que reconocer: “He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Todos sabemos lo que siguió: ha tratado de poner orden en la Iglesia chilena.

4. ¿Estamos ante un Francisco incompetente, propenso al error? ¿O más bien ante un líder capaz de conocer sus desaciertos? Yo creo en lo segundo, pues el Papa argentino ha dado suficientes muestras de talento y aptitud para su difícil misión. Ha emprendido una tarea colosal –revolucionar a la Iglesia–, y lo ha hecho combinando sabiduría con innovación, respeto a las formas e intrepidez en las decisiones.

5. Sin embargo, Bergoglio, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, no es Dios, y demuestra con sus errores la condición humana que le es propia. A cambio posee atributos que lo convierten en la persona adecuada para el momento actual de la Iglesia. Se ha despojado de los ancestrales privilegios otorgados a los sumos pontífices, y ha optado por la sencillez y la misericordia como principios rectores.

6. Pero, especialmente, está ofreciendo un ejemplo de liderazgo que se permite reconocer sus fallas, sin perder con ello autoridad moral. No tiene empacho en aceptar que se ha equivocado y prefiere corregir que mantenerse en el error. Ojalá y quienes ejercemos liderazgos seamos capaces de admitir nuestras pifias y, sobre todo, de corregirlas. El punto de partida es visualizarlas, no negarlas.

7. Cierre ciclónico. ¿Qué diferencia existe entre el acoso hacia las mujeres, denunciado por los #MeToo en las últimas semanas, y la galantería o la caballerosidad? Creo que hay acoso cuando se incomoda a la otra persona –aunque no se haga con esa intención, por lo que se debe estar atento al impacto de nuestras acciones– y especialmente cuando se realiza desde una posición de poder.

papacomeister@gmail.com

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