México será una de las sedes del Mundial de Fútbol 2026 junto con Estados Unidos y Canadá. Este evento representa una oportunidad histórica para el país en términos de proyección internacional, turismo, actividad económica y cohesión social. Sin embargo, también implica importantes retos organizativos, logísticos y de comunicación.
El reto más evidente para México, como país anfitrión y organizador, es el de la seguridad de los asistentes al evento. Por los sucesos recientes en Tapalpa, Jalisco, el pasado 20 de febrero, sumados a los de hace una semana en Medio Oriente, nuestro país parece enfrentar un riesgo inminente. Sin embargo, más allá de esta condición obligada de seguridad de la afición nacional e internacional, hay otros retos menos visibles.
A partir de los resultados de la encuesta nacional realizada recientemente por Parametría, es posible identificar percepciones sociales relevantes que pueden orientar las decisiones de los organizadores del evento.
Uno de los hallazgos más llamativos de la encuesta es que el gusto por el fútbol en la población mexicana no es tan mayoritario como podría suponerse. Solo 44% de los entrevistados declaró que le gusta el fútbol soccer, mientras que 56% señaló que no le gusta. Este resultado contrasta con la percepción tradicional de México como un país altamente futbolero y sugiere que el Mundial no debe asumirse como un evento automáticamente atractivo para toda la población. No es clara la explicación de la caída en el porcentaje de aficionados en años recientes (2022), lo cierto es que este evento representa una oportunidad para recuperar dicho público.
Para los organizadores, esta caída en la afición implica que el Mundial debe comunicarse no solo como un espectáculo deportivo, sino también como un evento cultural, turístico y de orgullo nacional que puede involucrar a sectores de la población menos interesados en el fútbol.
Otro dato relevante es el nivel de conocimiento sobre la sede del Mundial. De acuerdo con la encuesta, 66% de los ciudadanos sabía que México será sede del Mundial de 2026 junto con Estados Unidos y Canadá, mientras que 34% no lo sabía. Aunque la mayoría de la población está informada, el hecho de que un tercio de los ciudadanos desconozca este evento de gran magnitud indica que todavía existe espacio para fortalecer la comunicación. Un mayor conocimiento del evento puede ayudar a generar expectativas positivas, aumentar la participación social y promover beneficios económicos en sectores como el turismo, el comercio y los servicios.
En cuanto a las expectativas deportivas, la opinión pública muestra un optimismo moderado. El 55% de los encuestados cree que a la selección mexicana le irá “muy bien” o “bien” en el próximo Mundial, mientras que el 26% piensa que le irá “mal” o “muy mal”. Este nivel de optimismo es relevante porque el desempeño deportivo de la selección suele influir en el ánimo social durante el torneo. Sin embargo, la tendencia histórica muestra que estas expectativas han disminuido ligeramente en los últimos años. Esto sugiere que el éxito del Mundial no debe depender exclusivamente del desempeño deportivo, sino de la calidad de la organización, la experiencia de los visitantes y el impacto positivo en la sociedad.
La medición también muestra que la aprobación hacia el director técnico de la selección mexicana, Javier Aguirre, es relativamente moderada. Un 43% aprueba su gestión (12% aprueba mucho y 31% aprueba algo), mientras que 24% la desaprueba y una proporción considerable declara no tener una opinión clara. Asimismo, 39% considera que la selección tendrá mejores resultados con él, frente a 33% que cree que no. Estos datos reflejan una opinión pública dividida y con altos niveles de incertidumbre, lo que refuerza la idea de que el éxito del Mundial debe medirse más allá de los resultados deportivos.
A partir de estos datos, parece pertinente fortalecer las campañas de comunicación sobre el evento. Las campañas deben destacar no solo los partidos de fútbol, sino también los beneficios económicos, culturales y turísticos del Mundial. Sería pertinente diseñar actividades paralelas al torneo que involucren a personas que no necesariamente son aficionadas al fútbol. Festivales culturales, eventos gastronómicos, fan zones, exposiciones y programas comunitarios pueden ampliar el impacto social del Mundial y generar una experiencia más inclusiva.
En conclusión, los datos de opinión pública muestran que el Mundial 2026 representa una oportunidad significativa para México, pero también revelan desafíos en términos de interés social, información pública y expectativas deportivas. En alguna medida representa una oportunidad para recuperar afición que se ha perdido en años recientes.