Para elaborar la filosofía moderna, René Descartes (1596-1650), tuvo que poner en duda todo: hasta su propia existencia, como punto de partida; y entonces se dijo si “Pienso, luego existo”, haciendo así desaparecer la duda sobre su propia existencia.
Una vez razonado lo anterior, ya seguro de su propia existencia, entonces hizo que el hombre con su razonamiento llegara a Dios, al revés de la filosofía medieval conforme a la cual era Dios el que llegaba al hombre.
Por eso Descartes es el padre de la filosofía moderna, cuya esencia está en su famoso libro Discurso del Método (1637); y que contiene las reglas esenciales para conducirse racionalmente.
Guadalupe Loaeza, parodiando a Descartes, tituló uno de sus libros “Compro, luego existo”; en el que critica el consumismo enajenado por la publicidad masiva, que hace comprar a los no pensantes cosas superfluas, innecesarias.
El que compra para sentirse que existe, para llenar así su vacío,compra aunque no tenga con qué; pues con el dinero “plástico”-que el capitalismo salvaje inventó para enajenar aún más a los consumidores- puede comprarlo que quiera.
Esto viene con motivo del enajenante “Buen Fin” -que hasta a nosotros nos enajenó para hacer este artículo-, el cual idearon los comerciantes para lucrardesalmadamenteembaucando a los incautos consumidores;bajando precios que poco tiempo antes habían subido exorbitantemente.
Solo que con esa maniobra a una Soriana, en la ciudad de Chihuahua, Chih, se le pasó la mano; pues al reetiquetarlos precios “en lugar de separar con coma los números, tenía un punto y en lugar de indicar 10 mil 999 pesos eran 10. 99 pesos”, el precio de una pantalla televisiva; por lo que los consumidores llenaron “carritos de pantallas, algunos de ellos llevaban 6, 10 y hasta 30 pantallas de diferentes pulgadas” (Noticias de El Sol de la Laguna. 18/Xl/17).
Pero no solamente el error se cometió en el precio de las pantallas sino en “refrigeradores a 3.00 pesos en lugar de 3,000, estufas a 4.00 pesos”; error que inmediatamente enmendaron los de la tienda; pero como ya ocho consumidores estaban pagando en las cajas los mencionados productos a esos precios, y los de Soriana se rehusaban a respetar esos precios; a petición de los clientes intervino la Procuraduría Federal del Consumidor Profeco, la que le dio la razón a los consumidores; con base en que la ley contempla como fuente de las obligaciones la declaración unilateral de la voluntad, que en cristiano es el precio con que se oferta al público un producto, que a fuerza el vendedor tiene que respetar.
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