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Viernes , 19.04.2019 / 18:28 Hoy

Columna de Fernando Gamboa

Diana Laura, 22 años de ausencia

Fernando Gamboa

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“...Una vida no examinada,

no vale la pena vivirla…”

Sócrates

Hace 22 años, en ese México de 1994 se sucedieron severas crisis que es conveniente recordar, eventos de trascendencia colectiva, como el levantamiento militar en Chiapas del subcomandante Marcos, los asesinatos de Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruiz Massieu y el denominado “error de diciembre”, y algunos de menor impacto nacional como la muerte, a los 36 años, de Diana Laura Riojas de Colosio.

La vida es el criterio de la verdad, cada hombre, cada existencia es un fin en sí mismo, nuestros pensamientos, ideales y acciones son la fuente de la historia que deseamos rescatar para nuestros hijos. En la medida en que valoremos y califiquemos a nuestros hombres y mujeres contemporáneos no como mitos o con verdades a medias, sino por su ejemplo, sus acciones, sus palabras, entonces seremos capaces de crecer como país, hermanados no solo por nuestras coincidencias, sino también por nuestras diferencias.

Diana Laura, en su breve existencia, fue un ejemplo de constancia, esfuerzo, templanza y serenidad, huérfana de padre a los ocho años, sobrellevó la temprana viudez de su hermana mayor, dejó su tierra de adopción, Monterrey, para iniciar en la capital del país su carrera de economía en la Universidad Anáhuac. Profundamente creyente, aplicó sus afanes para iniciar una prometedora carrera profesional en la SHCP y en la hoy extinta SPP. Su matrimonio con Luis Donaldo en 1985 la obligó a tomar una decisión trascendente: continuar en la vida pública o apoyar a su marido en su incipiente carrera política. Es entonces cuando, al decidirse por el segundo camino, traza sin saberlo aún el mapa de ruta que apuntaló, impulsó y complementó la carrera de Luis Donaldo.

Norteños y economistas ambos, la diferencia personal era evidente, Colosio era callado, reflexivo, analizaba antes de hablar, poco dado hacia nuevas amistades, aunque en privado era elocuente y cálido. Diana Laura, en cambio, era muy directa, extrovertida, afable, pronta al saludo y al abrazo, estas diferencias se complementaron en la práctica continua y mejorada, en gran parte porque ambos eran perfeccionistas, puntuales, exigentes, comprometidos con la lealtad, los afectos y con un genuino amor a México, su historia y tradiciones

Nacida en Nueva Rosita, Coahuila, tierra materna, se sentía orgullosamente “regia”, orgullosa de los valores naturales de la gente de Nuevo León, como la franqueza, la puntualidad, el trabajo, la modernidad, la innovación y el ahorro; al mudarse a la Ciudad de México con 19 años de edad, debe revalidar materias cursadas en la Universidad de Nuevo León, lo que le permite conocer a un joven maestro recién llegado del doctorado en Viena, Luis Donaldo Colosio, su matrimonio, tres años después de terminar su carrera, la llegada de su hijo mayor y la trayectoria política de su marido, la conminó también a estudiar la historia, la geografía y los atributos ambientales, arqueológicos y turísticos de México.

Desarrolló entonces actividades paralelas a la carrera de Colosio que le permitieran estar cerca, apoyar y entender las tareas públicas, con programas sociales, ambientales, de apoyo a las artes, la gastronomía, la música, a lo largo del desarrollo de su marido, apoyó con programas creativos e inéditos de forma paralela en la Cámara de Diputados, el Senado, la Presidencia del PRI, la Sedesol, hasta la candidatura presidencial por el PRI.

Colosio privilegió siempre el diálogo político, con académicos, empresarios, campesinos, líderes, obreros, artistas y religiosos para reformar el poder con la fuerza ciudadana. Su candidatura fue violentamente truncada por su asesinato a plena luz en Tijuana, Baja California, el 23 de marzo de 1994.

El sepelio en Magdalena de Kino, Sonora, dos días después, registra uno de los discursos de Diana Laura más serenos, conciliadores y maduros que se han dado en público en los últimos años, un discurso comparable en su contenido al expresado por Colosio en el Monumento a la Revolución hacía solo 19 días antes.

Sola, con dos hijos, Luis Donaldo de ocho años y Mariana de solo uno, decide crear una fundación que recogiera los anhelos e ideales de su marido en favor de los jóvenes, las mujeres, los ancianos, las personas con capacidades diferentes, la protección del medio ambiente, la educación y el empleo. Para ello inicia un breve viaje para difundir y presentar este proyecto ante la Institución educativa de su marido en Viena —IIASA— International Institute for Applied Systems Analysis, al igual que ante el papa Juan Pablo II, al entonces presidente español, Felipe González y a los reyes Juan Carlos y Sofía. En su trayecto a México hace una fugaz visita al santuario de Lourdes para rogar por el descanso de Luis Donaldo.

El esfuerzo desarrollado, el enorme cansancio y la profunda tristeza por la soledad le pasó factura y el cáncer, en ese entonces controlado, regresó con más fuerza. Diana Laura falleció ocho meses después de Colosio, el 18 de noviembre de 1994 en Médica Sur, rodeada por sus seres queridos, sus hermanos, su madre, la familia de Luis Donaldo y sus admirados médicos. Para los asesinos de Luis Donaldo les expresó las palabras de Jorge Luis Borges: “Mi venganza será mi perdón y mi olvido”. Fue enterrada al lado de su marido en el cementerio de Magdalena de Kino, Sonora. Hoy y siempre está presente su memoria.

*Fue secretario particular de Diana Laura Riojas

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