Cultura

DTF St. Louis: vacíos compartidos en la app

Los vacíos personales se pueden llenar con rutinas escapistas o con exploraciones de otros territorios de actividad; si la vida tal como está siendo experimentada se convierte en una mera tabla de salvación llevada por un cauce que da lo mismo a dónde se dirija, ¿valdrá la pena intentar construir otro espacio de convivencia y vinculación, por lo menos sexual y sin compromisos, más allá de la fría monotonía laboral, matrimonial y familiar? ¿Qué tendría que suceder para escapar de este derrotismo paulatino que va dominando cada día, casi de manera imperceptible? La insatisfacción al fin reconocida puede conducir a lugares reconfortantes o a situaciones que rebasen la capacidad de entendimiento y manejo, sobre todo cuando se entra al mundo de las aplicaciones

Un presentador del clima de mediana edad, casado y con dos hijas (Jason Bateman, una vez más en el papel del hombre común que se envuelve en situaciones conflictivas), lleva una vida en apariencia rutinaria, pero insatisfecha, en algún suburbio ficticio de la ciudad del título. Conoce a un obeso intérprete de lenguaje de señas, en medio de una simbólica tormenta, con pasado poco convencional (David Harbour, abrazable en su vulnerabilidad), de baja autoestima aunque con mucho ánimo y siempre dispuesto, casado con una mujer preocupada por las finanzas y buscando ingresos extra como ampayer con todo y coraza emocional (Linda Cardellini en plan resolutivo y fingiendo no escuchar), cuyo hijo adolescente tiene comportamientos impredecibles (Arlan Ruf, observador). A partir de una reunión de las familias, se detona todo el desarrollo argumental.

DTF St. Louis: vacíos compartidos en la app
DTF St. Louis: vacíos compartidos en la app

DTF St. Louis (EU, HBO Max, 2026) es una miniserie de siete capítulos que toma su título de una aplicación digital para conseguir encuentros sexuales particularmente entre personas casadas, creada por Steve Conrad (Perpetual Grace LTD, 2019; Patriot, 2015-2018, The Promotion, 2008), quien había abordado el asunto de la búsqueda del bienestar y la satisfacción del logro fuera de la costumbre en los guiones de El sol de cada mañana (Verbinski, 2005), En busca de la felicidad (Muccino, 2006) y La vida secreta de Walter Mitty (Stiller, 2013), así como la necesidad de abrirse al mundo vía Extraordinario (Chbosky, 2017); la impredecibilidad de emprender algún trayecto que puede terminar donde sea, como en Unfinished Business (Scott, 2015) y hasta el tono detectivesco en la serie televisiva Ultra City Sims (2021).

La miniserie va y viene en el tiempo con agudeza narrativa para incrementar la sensación disruptiva, transitando de un thriller policiaco en el que una pareja de memorables detectives contrastantes investigan una muerte (Joy Sunday, intuitiva y liberal; Richard Jenkins, metódico y conservador), a un relato sobre la amistad llevada a particulares extremos y de ahí a otro más sobre la infidelidad y la posibilidad de que todo derive en un triángulo amoroso consensuado, pasando por algún subtexto como el rol asumido de padre sustituto, buscando apoyar al hijastro y al mismo tiempo recuperando el amor propio, también escarbado a través de esa app sugerida con algún encuentro cordial pero poco esperado con alguien (Peter Sarsgaard, patinador con imagen bowiana) o con uno arreglado, convenciendo a un joven (Chris Perfetti) que acuda a la cita para intentar levantar el ánimo del amigo, viviendo horas bajas.

El trazo de los personajes –excepto la esposa del presentador, que ameritaba un poco de mayor desarrollo (Wyn Everett)– se enriquece por las contenidas interpretaciones, siempre al filo, diálogos multiformes y en general por un guion que juega con momentos emotivos entrelazados por un sutil humor negro, deliberado absurdismo y cierta sensación de extrañeza, sobre todo por los tipos de relaciones que se van estableciendo y que alimentan el misterio de la muerte con la que termina el primer episodio. A partir de una fotografía que refuerza la propia confusión emocional de los personajes, una puesta en escena inesperada y un score deliberadamente nebuloso con ese piano nostálgico y las cuerdas deshojando lo que fue o pudo ser, pero que seguro ya dejó de existir.

De la normalidad de los personajes adultos, llevando una vida en apariencia ordinaria y corriente, se desprenden diversos sentimientos y dificultades comunes: el dinero que no alcanza; la autoestima que se pone a prueba; las expectativas no resueltas en la vida de pareja; la compleja relación con los hijos; la insatisfacción laboral; la añoranza de algún pasado más luminoso y esa toma de conciencia de la soledad que se instala sin importar que se esté rodeado de los seres que se supone querer. Y esa aventura de intentar buscar salidas a través de llevar una vida oculta que bien puede mantenerse mucho tiempo, derivar en sensaciones difíciles de prever, estallar en las manos cuando menos se imagina o acabar como un hogar apedreado.

La existencia suburbana transita de lo cotidiano a lo inesperado: asomarse a la casa vecina desde el balanceo del columpio, acaso para constatar si el pasto es más verde; desplazarse a bordo de una especie de triciclo reclinado de toque infantil para admirar el paisaje; inventar una empresa que suene importante o encontrarse “casualmente” en el local de jugos y batidos para inventar coincidencias; visitar el motel para los momentos de ensueño, cumplir alguna fantasía en la alberca abandonada y acabar declarando en el apretado cuarto de la comisaría. O bien regresar a la clase de baile sin temor al juicio ajeno, lanzarse a buscar chamba en otra ciudad para terminar salvando a un joven, hacer malabares en la banca del parque y hasta recordar los momentos de improbable modelo de revista porno al modo de Indiana Jones: nadie, por lo visto, escapa de la aplastante adultez.


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Fernando Cuevas
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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