Primeros largos sumamente prometedores de diversidad genérica. Se consideran sólo aquellos discos que hayan sido los primeros en las respectivas trayectorias con una duración mayor de treinta minutos, considerando que los llamados EP´s o mixtapes previos no hayan rebasado esa cantidad de tiempo, como los casos de Oklou, Ninajirachi y Saya Grey, que presentaron antes un disco de mayor duración a la media hora por alguna razón considerados mixtape o EP, si bien cuentan con la cohesión y producción propia de un largo. Veamos y escuchemos.
El cantautor irlandés Thomas O’Donoghue, artísticamente conocido como Dove Ellis, se presentó con el enfático Blizzard, enclavado en un folk de origen con arreglos que miran el presente aderezados con un emotivo rock vocalizado con plena convicción de quien empieza a mostrarse ante el mundo: toda una ventisca sonora. Nacida en Londres de origen afgano y paquistaní, Josephine Orme adoptó el nombre de Heartworms, refiriéndose al ídem álbum de The Shins, y entregó el elaborado y letrísticamente directo Glutton for Punishment, envuelto en un gótico postrock con inserciones techno, en tanto el escocés Jacob Alon, identificado como persona no binaria, compartió experiencias propias y ajenas en el delicado In Limerence, indiefolk confesional que transita entre la vulnerabilidad y la propia reafirmación, de la superficialidad engañosa y la búsqueda de vínculos trascendentes: romanticismo en clave obsesiva.
Divorce es un cuarteto de Birmingham que gusta de introducirse por géneros diversos, del country que viaja por rutas diversas al al artpop y del rock en sus diversas formas a ciertos apuntes folk, como se advierte en Drive to Goldenhammer: de pronto recuerdan a Belle & Sebastian, Wilco y ABBA, como ellos mismos lo mencionan, entre la vocal de la bajista Tiger Cohen-Towell, secundada por el multiinstrumentista Felix Mackenzie-Barrow, la diversidad rítmica del baterista Kasper Sandstrom y la guitarrista principal del versátil, Adam Peter-Smith. Quizá el debut del año. Por su parte, Jasmine Cruickshank, afincada en Manchester y conocida como jasmine.4.t, propuso su bien asimilado folkrock con el declarativo You Are the Morning, tras haber grabado el EP Worn Through (2019) y recibir el apoyo de Lucy Dacus, Phoenix Bridgers y Julien Baker, las integrantes del supergrupo Boygenius: letras brillantes que abordan temáticas como la salud mental y la identidad de género, soportadas por instrumentaciones de prístina precisión.
Los Thuthanaka se constituyeron en la presentación quizá más sorpresiva del año fue la de los hermanos boliviano-estadounidenses Chuquimamani-Condori y Joshua Chuquimia Crampton, quienes en explorador lance fraterno construyeron un aparato sonoro de sicodélica progresión, de pronto insertando rítmica andina y ondas radiales, grabada en lógica lo-fi de pura vitalidad, justo para seguir el mantra de “abre tus oídos”: el ídem Los Thuthanaka se erige como una de las obras más innovadoras del año que rehuye las plataformas habituales (se puede escuchar en YouTube) y los procesos de producción y edición convencionales. Con cinco EP’s a cuestas, sencillos, sesiones de improvisación y algún cambio de alineación, Maruja, banda de Manchester, por fin presentó su primer largo, el profundo Pain to Power, enclavado en un artpunk que se alimenta de acordes jazzeros y recitaciones con orientación crítica hacia un mundo convulso, entre cargadas atmósferas: un cuarteto con mucho qué decir en el futuro.
Originaria de Luisiana, Addison Rae se presentó con un pop elaborado a partir de electrónica rítmica, siempre adherible, de pronto envuelto en R&B, vía el álbum homónimo Addison, con tiempo para elucubrar sobre la fama, la moda, el dinero y otros demonios, como los que conjura la inglesa Rosie May Hudson-Edmonds, llamada en el barrio Rose Gray, a través del incansable hedonismo de Louder, Please, después de varios mixtapes y EP’s que abrieron el camino a esta invitación directo a la pista de baile y al gozo que es difícil de resistir, retomando los elementos conocidos del género e imprimiéndole una dosis de actualidad en efectos sonoros y cambios de secuencias: la fiesta apenas empieza. Por su parte, la DJ londinense Sherelle, después de varios sets y sencillos, confeccionó With a Vengeance, recuperando la lógica rave, entre apuntes de jungle y footwork, subgéneros electrónicos que intersecta con creatividad rítmica absorbente.
Por su parte, después de los EP´s Revival (2023) y Surface Tension (2024), la angelina Annahstasia entregó el sensible Tether, su primer largo, en el que se destila un folk de voz profunda y pausada con influencia de Nina Simone y que recuerda por momentos a Tracy Chapman, proponiendo miradas sobre el capitalismo y los vínculos personales con todo y sus conflictos recurrentes, incluyendo un cierre electrificado con Believer. Originaria de Munich con ascendencia cubana y estadounidense, Victoria Canal ha vivido en varios países, sobre todo en España; por fin entregó el emotivo y directo Slowly It Dawns, tras algunos sencillos y EP's: a pesar de haber nacido sin antebrazo, aprendió a tocar el piano y optó por la música pop para expresar sus emociones sobre los enamoramientos, vulnerabilidades, identidades y conflictos, con un tono de sensible serenidad.
Desde Australia, el Folk Bitch Trio -Grace Sinclair, Jeani Pilkington, Heide Peverelle- nos regala una cascada de armonías vocales envueltas por un indie rock en el consistente Now Would Be A Good Time, integrado por canciones con cierto toque irónico sobre la juventud y sus avatares, si bien se anuncia la posibilidad de tiempos mejores, mientras que Panic Shack, banda formada en Cardiff e integrada por la vocalista de fuerte acento, Sarah Harvey; la guitarra incisiva de Meg Fretwell, también ayudando en los coros, igual que Romi Lawrence; el bajo saltarín e incansable de Emily Smith y la dinámica batería de Nick Doherty-Williams, por fin entregó su primer largo, el desenfadado e irónico álbum homónimo, Panic Shack, después de algunos sencillos y sin olvidar la cruz de su parroquia y su mirada crítica a la superficialidad que nos invade: como aventarnos al precipicio junto a Thelma & Louise.
Desde Austin, el cuarteto femenino Die Spitz produjo su primer largo, tras un par de EP’s, titulado Something to Consume: rock guitarrero de sólida manufactura en donde conviven el punk, el trash metal y el grunge, al servicio de una postura política de aliento crítico, propuesta por las guitarras y vocales de Ava Schrobilgen y Eleanor Livingston, catapultadas por el bajo de Kate Halter y la batería de Chloe de St. Aubin, también apoyando en el canto. Natalie R. Lu, nacida en San Francisco en el 2004, es mejor conocida como Wisp y entregó su primer largo, el muy noventero shoegaze impreso en If Not Winter, después de grabar algunos sencillos y el EP Pandora; la vocal de tono dulce se desliza por un soporte electrónico y guitarrero con cierto tono fantasmal que de pronto se instala en una tesitura de ensueño, en algunos momentos similares como los que entregó Isabel Whelan, a.k.a. BEL, más inclinada al pop, vía Holy Grail, en el que oriunda de Clovis, California y ahora asentada en Los Ángeles propone mantenerse en busca del propósito, más allá de los obstáculos presentes.
Y de ahí nos vamos a Brighton para conocer a un par de asociaciones en clave femenina: el dueto punk Lambrini Girls -Phoebe Lunny y Selin Macieira-Boşgelmez- que se presentaron en sociedad, burlándose de ella y criticándola, cual debe, con el EP You´re Welcome (2023), seguido de su debut largo, el energético y epidérmico Who Let the Dogs Out, recordando la famosa canción de Baha Men: toda una manzana podrida. Y The New Eves, cuarteto integrado por las voces de Violet Farrer (guitarra, violín), Kate Mager (bajo), Ella Oona Russell (batería, flauta) y Nina Winder-Lind (guitarra, violonchelo), quienes a partir de un folk crudo y alterado con inserciones punketas anunciaron su llegada con The New Eve is Raising, acaso buscando alguna versión alternativa del paraíso perdido.
Un par de propuestas canadienses: desde la Columbia Británica, Cameron Whitcomb produjo, después de algunas grabaciones, su primer largo, el emocional y confesional The Hard Way, en el que a partir de una base country desprende lances de rockpop y soul, mostrando el camino para conocer las dificultades atravesadas, en tanto el originario de Ontario Josh Ross, tras tres EP’s, entregó el vivaz Later Tonight, también centrado en sus experiencias que habitan las quince canciones que lo integran, desde un poprock hasta un country guiado por el piano. Por su parte, Roxanne Emery, originaria de Southampton, lleva componiendo desde hace 15 años y por fin, después de diversos sencillos y EP’s, se animó a presentar Restoration, su primer largo en clave guitarrera con pasajes sintetizados cercanos al rap que comparten dificultades y esfuerzos por seguir adelante, ahora firmando como RØRY, su nombre artístico.
Un par de poderosos debuts provenientes de Londres en los terrenos del Hip-Hop que se nutren de otros géneros y especies. Con varias grabaciones a cuestas desde el 2021, John Glacier integró, cual catarata de ideas sobre temas diversos que transitan fragmentariamente de la vida digital a la profesionalización y de ahí al valor de la naturaleza y la presencia del dinero, el largo cocinado a fuego lento, Like a Ribbon, confeccionado a partir de influencias del drum’n’bass y el grime con encuentros que revisitan un rap de apariencia calmada, declarativa, íntima Después de varios sencillos y un par de EP's, Denzel Himself entregó su primer largo, Violator, integrado por un apuesta disruptiva y contestataria con lances de neosoul, artpunk y electrónica de imprevisible edición e imágenes alteradas, acaso aprovechando sus estudios cinematográficas.