Cultura

Salvar el día, asegurar el futuro

Un pase desesperado a la zona de anotación para ver si algún receptor lo atrapa cuando el reloj se ha consumido: las probabilidades son muy bajas, pero existen. Ya desde los años veinte del siglo pasado se empezó a utilizar el rezo a la Virgen María en el campo de juego y en la década siguiente se fue haciendo más común llamarle Hail Mary a cualquier jugada arriesgada en un juego donde las opciones se fueron terminando. Fue en 1975 que Roger Staubach, mariscal de campo de los Vaqueros de Dallas, católico devoto, lanzó un pase desesperado de 50 yardas en un partido de playoff que los Vikingos de Minnesota ganaban 14-10: Drew Pearson lo completó para darle la vuelta al marcador. Después Staubach dijo que había lanzado el ovoide, cerró los ojos y rezó un Ave María.

Un profesor de secundaria, doctor en biología molecular, despierta en una nave espacial sin recordar cómo llegó a ahí; sus dos compañeros han muerto y poco a poco tendrá que ir reconstruyendo su memoria para entender cuál era su misión. A partir de la inserción de flashbacks, se va dilucidando su trascendental rol, que no es otro más que el de salvar al mundo, como cabría esperar: va recordando cómo fue reclutado, los descubrimientos iniciales con respecto a la línea de Petrova y los astrofagos, organismos que consumen radiación electromagnética y que están comiéndose al sol, entre otras estrellas, excepto una llamada Tau Ceti, que ha logrado resistir a los pequeños tragones y cuya exploración permitiría encontrar respuestas.

Estos mismos devoradores de estrellas sirven para propulsar la nave, pero sólo de ida, por lo que este pase largo de Ave María parecería también una misión suicida, sobre todo después de que una explosión provocara la muerte de quienes originalmente se encargarían de cumplirla. De la aventura espacial, nos trasladamos a una película de amigos cuando el astronauta se encuentra con otro ser vivo en una nave aledaña como si fuera una especie de cangrejo de piedra.

Como ha sucedido en varios filmes, el vínculo se presta para la comedia y la exaltación de la sensibilidad; ahí están E.T. El extraterrestre (Spielberg, 1982), Enemigo mío (Petersen, 1985), Hay un marciano en mi vida (Temple, 1989), Paul (Mottola, 2011) y Jules (Turtletaub, 2023), entre otras.

Basada en la novela homónima de Andy Weir, de quien Ridley Scott adaptó su libro para la película Misión rescate (2011), también sobre un hombre varado lejos de este mundo, escrita por él mismo junto con Drew Goddard, nuevamente, y dirigida por los también realizadores televisivos, Phil Lord y Christopher Miller (serie The Afterparty, 2022-2023; Comando especial 2, 2014; La gran aventura lego, 2014; Comando especial, 2012; Lluvia de hamburguesas, 2009), Proyecto fin de mundo (Hail Mary, EU, 2026) combina con sagacidad momentos de aventura, comedia y drama, apostando por un enfoque de feel good movie, quizá en detrimento de cierta profundidad que sí alcanzaba Alerta solar (Boyle, 2007), de temática similar, si bien sus ambiciones son distintas y justamente enfocadas.

Proyecto fin de mundo
Proyecto fin de mundo


Ryan Gosling, en el papel del profesor rebelde y comprometido con sus estudiantes, pone toda su simpatía al frente del protagonista y establece relaciones cercanas con quienes lo rodean, si bien algunos personajes -los compañeros de viaje, por ejemplo- quizá merecerían un poco de mayor desarrollo, empezando por el guardia, vuelto cómplice en los experimentos (Lionel Boyce, confiable), continuando con la gélida jefa de la misión (Sandra Hüller, anticipatoria), con todo y su interpretación de Sign of the Times, y terminando, claro, con Rocky (voz de James Ortiz), con quien establece una funcional relación laboral que va trascendiendo hasta convertirse en toda una amistad hecha y derecha, a pesar de las diferencias -o gracias a ellas- y a las dificultades comunicativas, si bien no queda claro por qué este ser de piedra sí le entiende al principio.

El score de Daniel Pemberton (The Drama, 2026; Eddington, 2025; Slow Horses, 2022-2024; The Awakening, 2011) despliega diversidad melódica y percusiva, según el pasaje, viajando entre los momentos de tensión para ver si logran su cometido los dos amigos, incluyendo la salida a “pescar” o cuando se pueden sentir mutuamente queridos, mientras que la edición de sonido resulta eficaz; la fotografía y el diseño tanto de las naves como del ser del planeta Eridiani, así como de las escenas en el espacio, parecen rendir homenaje a varias de sus predecesoras, como la seminal 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 1968). Y claro, a fin de cuentas, la vocación docente prevalecerá más allá de cualquier otro logro, como salvar al mundo por ejemplo.

NO HAY DECIMOSÉPTIMO MALO

Un par de amigos consiguen escapar de un mafioso al integrarse a una nave espacial cuya misión es tratar de conquistar Niflheim, un planeta helado. Juntos tendrán que realizar diversos trabajos pero uno de ellos, considerado desechable, se encarga de las labores peligrosas en las que muere pero es traído de vuelta en forma de clon, recuerdos incluidos. Durante el trayecto, el Mickey del título (Robert Pattison, camaleónico) se enamora de una agente (Naomi Ackie) y al llegar al planeta, en una de las esperadas muertes cuando es abandonado por su colega (Steven Yeun, acomodaticio), el decimoséptimo Mickey logra sobrevivir ayudado por las criaturas del lugar, mientras los líderes (Mark Ruffalo y Toni Collete, desquiciados), pretenden acabar con ellas y un Mickey más siniestro, el decimoctavo, es creado.

Dirigida por Bong Joon Hu (Parásitos, 2019; Okja, 2017; Perro que ladra, no muerde, 2000) en clave de farsa crítica sobre el colonialismo, el uso del poder y las lógicas laborales prevalecientes, Mickey 17 (EU-Corea del Sur, 2025) se mueve con soltura por el terror, el humor absurdo, la aventura, la sátira y el apunte social, muy acorde a su trayectoria como realizador, a partir de una fotografía incisiva y un diseño de producción detallado que nos traslada con buen énfasis por los recovecos de la nave y después por los parajes del planeta al que logra llegar la misión, con todos los cambios esperados durante y al final del trayecto, acompañados por la lúdica e inquietante música de Jung Jae-il. La identidad fotocopiada encontrará algún resquicio de originalidad.

Mickey 17
Mickey 17


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Fernando Cuevas
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