Cultura

Breaking Bad: la única opción o negociar al margen de la ley

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Un par de películas en las que los protagonistas se ven envueltos en una crisis económica ante situaciones que consideran injustas, que va trascendiendo a otros ámbitos, particularmente el de la estabilidad emocional, para terminar buscando soluciones extremas que los conducen, previsiblemente, a callejones con salidas inesperadas.

Perder la chamba

La riesgosa dependencia del empleo del padre para asegurar la estabilidad familiar, sobre todo sustentada en un determinado estilo de vida al que se ha acostumbrado. Cuando después de muchos años de costumbre de pronto se pierde la fuente de ingresos, empiezan una serie de reacomodos en hábitos de consumo, costumbres y, lo más difícil, estados de ánimo: los intentos por volver a tener lo que ya se tenía normalizado, pueden ir de estrategias creativas a intentar más de lo mismo o, de plano, transitar un camino peligroso que difícilmente tendrá retorno. En tanto, un contexto empresarial de transacciones globales y fusiones internacionales cuya intención es incrementar ganancias, para lo cual la tendencia será la reducción del personal, sobre todo ante la posibilidad de la automatización de procesos.

La única opción (Corea del Sur-Francia, 2025)
La única opción (Corea del Sur-Francia, 2025)

La única opción (Corea del Sur-Francia, 2025) abre con una secuencia casi idílica: un hombre reflexiona sobre la llegada del otoño mientras prepara una parrillada para sus dos hijos y su esposa en un confortable jardín por donde pasean un par de perros. El despido de la fábrica papelera en la que llevaba años trabajando, lo conduce a una espiral descendente que se va agudizando, de ser rechazado en varias opciones a trabajar en un tienda con ingreso por debajo de su expectativa: al intentar regresar a la empresa de donde fue corrido, recibe una humillación y, ya al borde, toma una decisión extrema: eliminar a la competencia para quedarse con el puesto.

Mientras tanto, su esposa (Son ye-jin, estoica) trata de generar algún ingreso y continúa con su vida, su hijo se involucra en actividades sospechosas y su hija, sólo expresiva a través de la música, se mantiene ajena, en tanto que el protagonista se adhiere a otra vida, acaso como si se tratara, justamente, de la única alternativa para no perder el paraíso en el que se encontraba. La comedia negra se entrelaza con el apunte social, las dinámicas familiares y hasta las masculinidades, ahora más frágiles que nunca y que dependen de la condición de ser proveedor, ya sea por imposición cultural o por sumisión propia que no da, ahora nunca mejor dicho, que otra opción. Y por si fuera poco, las transformaciones industriales con la robotización ya invadiendo los espacios de fabricación.

El gran Park Chan-wook retoma la novela de The Axe de Donald Westlake –previamente adaptada por Costa-Gavras– y nos conduce por el tránsito de este hombre común (Lee Byung hun, lleno de matices) rumbo a su descenso, desde una perspectiva visual que va enfatizando la descomposición moral desde escenas con amplia y emotiva iluminación hasta las que se construyen con angulaciones imprevisibles y deteriorados, con todo y encuadres disruptivos, además de desplazamientos de cámara que implican el alejamiento brusco de los sujetos, sobre todo cuando “visita” a lo otros candidatos, viviendo ellos mismos realidades contrastantes entre el abandono y la búsqueda de certezas que muestran el peso del empleo como vehículo para la estabilidad emocional.

Perder el patrimonio

Un hombre se siente estafado por una empresa hipotecaria (Bill Skarsgård, comprometido con la desesperación) y, ante la negativa de atender sus demandas, decide secuestrar al hijo del dueño (Dacre Montgmorey, paciente), quien funge como director, para exigir una compensación económica y una disculpa pública, no de un empleado, sino de la cabeza de la organización que mientras tanto se encuentra plácidamente de vacaciones (Al Pacino, iluminando la pantalla en su negligencia). Corre el año de 1978 en el que todavía los medios de comunicación masiva tenían el peso total de la información y en el que las policías locales convivían con la profesionalización del FBI.

El asunto, como podría suponerse, empieza a escalar y de las oficinas, escopeta en mano apuntando a su víctima con un alambre que en cualquier momento puede jalarse, el secuestrador sale y logra llegar a su departamento, en el que se atrinchera mientras va siendo rodeado por policías y prensa. Las negociaciones empiezan con todo y un improbable intermediario: el famoso conductor de una estación radial en Indianápolis (Colman Domingo, pausado), a quien este hombre desesperado escucha y le tiene confianza. Ahí entra la prensa con sus tintes amarillistas y las periodistas que buscan su gran oportunidad (Myha’la insistente), en tiempos de escasa posverdad.

La negociación (Dead Man’s Wire, EU, 2025)
La negociación (Dead Man’s Wire, EU, 2025)

Basada en un caso real, La negociación (Dead Man’s Wire, EU, 2025) es el bienvenido regreso de Gus Van Sant en clave realista (de Mala noche, 1986, a No te preocupes, no irá lejos, 2018), planteando la disyuntiva a la que se enfrenta el individuo ante el sistema y contrastando los tiempos en los que la prensa tradicional –radio y televisión– tenían un fuerte impacto en la opinión pública. La precisa y elusiva edición, congelando fotogramas para dar un sentido de cuidada reconstrucción no sólo de los hechos, sino del escenario físico y social de aquel suceso que llamó la atención de los medios nacionales en Estados Unidos, es inmersiva para comprender un momento de la historia que no se cierne al hecho en particular, sino al estado de ánimo de una nación.

Para redondear la gran recreación de la década setentera entre vestuarios, escenarios y artefactos, Deodato abre la pista para entroncar con Donna Summer, Roberta Flack, Labi Siffre, Dyke & The Blazers, Aloe Blacc y Keith Mansfield que entronca con Yes para mostrar a la gente buena en elocuente secuencias, mientras que siguen cayendo gotas sobre nuestras cabezas y Gil Scott-Heron anuncia con vehemencia que la revolución no será televisada: funk, progresivo, soul y jazz en lo que aparecía de lleno el punk, acaso escuchado en los auriculares por el asistente de la estación de radio. En efecto, a fin de cuentas los individuos tienen cierto margen de agencia ante las estructuras económicas y políticas. Un gran filme del maestro Van Sant.


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Fernando Cuevas
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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