“A mi madre por su firmeza, su incondicional apoyo y por enseñarme a ser un hombre justo”
Sin duda alguna la historia del mundo es la migración. El hombre en la búsqueda de la supervivencia y de mejorar su calidad de vida ha explorado diversos territorios. Durante décadas los mexicanos han emigrado a otros países, especialmente hacia nuestro vecino del norte Estados Unidos. Ahí han crecido miles de niños que con sus padres llegaron a cumplir la ilusión del sueño americano. Hoy los llaman dreamers, jóvenes indocumentados de entre 15 y 31 años que han estudiado y trabajado gracias a las alternativas que Obama decretó hace unos años.
Como parte de las políticas xénofobas de Trump, se ha iniciado la deportación de miles de inmigrantes, entre ellos los jóvenes dreamers; jóvenes que han conseguido grandes aportaciones a un país que hoy los margina. Ante este panorama lleno de incertidumbre, nos toca brindar seguridad a su llegada y abrir las puertas de nuestras instituciones educativas para dar cobijo a sus esperanzas. No se puede dejar solos a estos jóvenes que son víctimas de un discurso de odio, discriminación y violencia. Sin duda los dreamers no quieren dejar de soñar y la universidad deberá ser el aliento para la continuidad de sus sueños.
La Universidad de Guadalajara tiene un compromiso social y se debe de manifestar en este escenario adverso. Nuestra universidad siempre ha sido espacio para el debate, la investigación y la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, ahora, además, tendrá que incluir la solidaridad, la cooperación y la apertura hacia estos jóvenes que llegan desolados a un país que, si bien los vio nacer, muchos no conocen. No podemos ser sólo espectadores, tenemos que ser participantes activos, y recibir a los estudiantes deportados es un primer paso. Es momento para que toda la comunidad universitaria se sensibilice respecto a la difícil situación por la que atraviesan estos miles de jóvenes, es necesario que la universidad sea motor y espacio de una solidaridad sin muros.
El panorama político, económico y social que lastima a nuestro país es bastante sombrío; pero también se presenta una buena oportunidad para ser una mejor sociedad. Es tiempo de repensar el desarrollo de nuestro país y las universidades públicas deben ser un agente importante en esta labor. La orientación de este nuevo modelo debe surgir de las instituciones educativas, dar espacios en nuestras universidades a los dreamers mexicanos es el inicio de un nuevo México, un México más solidario.
Secretario general del Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG