No sorprendo a nadie al afirmar que el nombre de Donald Trump seguirá siendo el centro de atención en este 2026. Trump deberá enfrentarse a las urnas en noviembre y sus niveles de popularidad no son los mejores (43-44%). Sin embargo, los demócratas tienen pocos relatos nuevos que ofrecer a nivel nacional, descartando fenómenos muy locales como el Gobierno de Zohran Mamdani en Nueva York. Una batalla de debilidades, todo indica. Sin embargo, Trump necesita su mayoría y apretará el acelerador para obtenerla. Y México está en el centro de sus planes.
En el mundo, Europa comienza a entender lo que significa vivir sin el paraguas de seguridad del Tío Sam. Una victoria de Rusia en las negociaciones con Ucrania podría suponer un año muy turbulento en materia política para Occidente. En Francia, Macron apenas puede gobernar con su insultante impopularidad (17% de aprobación) y Friedrich Merz y Giorgia Melonia se erigen como los líderes de la Europa que negocia con Trump. Del Reino Unido ni hablamos. El viejo imperio británico tiene elecciones regionales con los populistas de Farage (Reform) encabezando todas las encuestas y un Starmer batiendo récord de rechazo. Europa podría ser una luz en un mundo oscuro, pero está muy ocupa destruyéndose.
El resto del mundo huele a inestabilidad. En Gaza, la paz está lejos de estar garantizada. Bibi Netanyahu tiene el apoyo de Trump, pero es impopular en casa y tiene que enfrentar elecciones a la Knesset. El resto del Medio Oriente tampoco es esperanzador: Siria no logra formar un gobierno de unidad luego de la fuga de Al Assad. Yemen es el centro de la batalla entre Arabia Saudita y los Emiratos. Sudán es la peor catástrofe humanitaria de la actualidad y una buena parte de África está en las manos de los paramilitares del Grupo Wagner.
China es el otro gran jugador. Nadie lo puede negar: Pekín doblegó a Washington. Xi Jinping demostró que la paciencia y la contención son mejores consejeras que el arrebato y la impulsividad. Trump seguirá siendo discursivamente duro contra China, pero sólo en términos retóricos. La batalla arancelaria la tiene ganada Pekín. El gigante asiático mira de reojo lo que ocurre en Ucrania. Una victoria de Putin envalentonaría a China en su búsqueda de anexionar Taiwán. China, Rusia e India se han acercado en este 2025 como un polo antioccidental. Todo esto aprovechando la división entre Estados Unidos y Europa.
Frente a esto, México en las mismas. Nuestro país enfrentará otro año con los males endémicos que el partido en el Gobierno prometió combatir. De entrada, el bajísimo crecimiento económico. Otra vez creceremos por debajo del 1%. Desde que Morena gobierna México, nuestro país ha crecido a un promedio de 0.7%. Nada. Un crecimiento tan bajo que ha sido matizado con programas sociales y transferencias monetarias a la población.
A esto hay que añadir un Estado que fracasa en proteger la vida de la ciudadanía. No hay estudio serio que no demuestre que los grupos criminales se han empoderado como nunca desde 2018. Lo que sucedió hace unos días en Residencial Victoria aquí en los límites entre Guadalajara y Zapopan es una muestra de la impunidad y complacencia frente a los criminales. Tienen tomado el país. Lo demostraron con el asesinato de Carlos Manzo.
El Gobierno sigue siendo un sinónimo de inoperatividad e ineficiencia. Durante el periodo vacacional, tuvimos que lamentar el descarrilamiento de otro tren en México. La cifra mortal asciende a 14 personas. Jóvenes, adultos mayores…trágico. Recordemos que siendo jefa de Gobierno, a Claudia Sheinbaum se le cayó la línea 12 del Tren y, a pesar de la tragedia, bloqueó las investigaciones sobre los responsables. Sheinbaum y el amor por la opacidad.
A este rompecabezas global, en donde México parece haber abdicado, hay que sumarle una presidenta que terminó por rendirse frente a Morena y el obradorismo. No falta leer a las plumas del régimen para entender que no habrá ni órdago ni envite. Sheinbaum atenderá lo que determine López Obrador desde Chiapas y el partido con sus múltiples cacicazgos. La presidenta marioneta que finge gobernar, mientras los temas torales no se resuelven en Palacio Nacional.
No conviene mentirnos: será un año difícil para México. Primero por Trump. Pero no sólo por ello. Sino porque básicamente no se ha hecho nada para domar los terribles males que afectan al país. La gente tiene miedo frente a un crimen organizado que se ha vuelto más poderoso que nunca. La apuesta por “mano dura” al estilo salvadoreño es una opción en una parte de la población mexicana. A todo esto, sumamos que 2026 y 2027 serán los años de la consolidación de la Inteligencia Artificial. Sabremos si es una burbuja de crecimiento o es más que eso. Sabremos si los gobiernos son capaces de regular o no. Muchos retos, pero en México todo sigue igual. Ni los muertos ni una economía maltrecha hacen que algo o alguien se mueva.