Política

La verdadera política

Recordamos en estas fechas el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, y, con él, su legado que fue tan amplio que no cabe en tratados, pero, tal vez lo que más recordamos de él sean sus gestos, su cercanía y su libertad absoluta para actuar conforme el Espíritu de Dios y no los convencionalismos de los hombres.

Algunos dijeron y aún dirán que le faltaba fondo, que era muy superficial y que, por eso, fue un mal líder religioso y peor jefe de Estado, otros diremos y seguiremos diciendo que en él se reflejaba la verdad de un Dios que traspasa los límites para desbordarse en amor. Esto último fue lo que marcó su pontificado: ir de frente a la verdad y, cuando era necesario, revirar, pedir perdón y emprender otro camino.

Para él, la brújula que dirigía sus acciones no era una agenda premarcada o una buena intención solamente, era un compromiso con aquello que parece que hoy se ha olvidado: el servicio.

Este servicio para el papa Francisco era la piedra angular sobre la cual la acción humana, incluida la política, debe anclarse para permanecer fiel a la construcción del Reino aquí y ahora.

En la encíclica Fratelli Tutti, publicada en 2020, todo el capítulo quinto lo dedica a la política, pero no a la que hoy reina en los países en donde todo parece quedar reducido a pugnas por intereses distintos y egos exaltados sino una donde lo que inspira y mueve es la caridad; así, la política, para Francisco, era un acto de caridad; más aún, la mayor muestra de caridad, es decir, de amor y lo era porque debajo del amor siempre está el servicio.

La política a la que nos invita el papa Francisco en la encíclica mencionada es una que no sabe de fronteras, igual que el Amor del Padre tampoco sabe de límites, porque las fronteras levantan muros y los seres humanos estamos hechos para el encuentro. Es una política para la que lo central es el desarrollo humano integral de cada persona y de la humanidad entera como lo había propuesto antes PabloVI en Populorum Progressio y no un interés de dominio y colonización como percibimos hoy en varios polos de nuestro mundo.

Cuando la verdadera política busca el bien por encima del propio afán, ejerce una apertura y confianza, incluso a lo que otros perciben como amenaza porque le preocupa la miseria humana y pone sus esfuerzos en erradicarla.

Dos principios sostienen esta política como acto de caridad: la solidaridad y la subsidiariedad. Mientras la primera tiende lazos de fraternidad con todos los seres humanos y brinda apoyo para la construcción de los tejidos sociales sanos, la segunda se ocupa de mirar a aquellos que sufren más, que la pasan peor,que tienen condiciones más graves y que necesitan ayuda más urgentemente y acude, aún sin que se lo pidan, a su auxilio. Se muestra pronta y valiente sin más cálculo que la generosidad.

En 2025 el papa mencionó la palabra “policrisis” en su discurso dirigido a los asistentes de la sesión plenaria de la Academia Pontificia para la Vida y se refería a las muchas crisis que vivimos actualmente: económica, de salud, en temas migratorios, políticos, la pobreza y el hambre, entre otros, y nos invitaba a encontrar medios creativos para ir hallando soluciones viables a largo plazo que comiencen a revertir estas crisis. Una de ellas es a través de una buena política que actúe conforme a principios que promuevan y defiendan a la persona y su dignidad, la paz, el bien común y la justicia, no según principios de placer o beneficio inmediato La buena política debe entonces derivar hacia lo que él llamó “amistad social” y, por tanto, estar atravesada no por reglas o tratados, no por delimitaciones geopolíticas o planes de nación sino por el reconocimiento verdadero del otro como hermano.

Si a este concepto de políticas el e considera un mal concepto y a alguien que la ejerce como “débil” entonces no hemos entendido de qué se trata nuestra misión en el mundo ni el urgente clamor de tantos y tantos hermanos que claman al cielo justicia.

Este 21 de abril, a un año de su muerte, propongo recordar al papa Francisco y con él, al papa León XIV, como “buenos políticos” en el sentido profundo de la palabra porque, más allá de sus viajes e intervenciones, su dedicación especialmente hacia los vulnerables y descartados ha sentado la bases del modelo que queremos ver no sólo en los líderes mundiales sino al que aspiramos todos llegar un día.

Mored
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Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Consultora en Bioética. Fundadora de SECOBIE
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