Las redes sociales lanzaron una tendencia nueva hace un par de semanas: personas con caretas y accesorios de diversos animales afirmando una nueva identidad en donde la conexión con los animales es tan profunda que no sólo se identifican con ellos sino que se sienten uno de ellos.
Ante lo que esta tendencia nos puede consternar, el debate entre el sexo y el género, la naturaleza y la cultura, se revive de nuevo dando lugar a espacios de deliberación.
Algunas posturas han afirmado sobre el debate anterior que, mientras que el género es una construcción y responde a roles y estructuras familiares y sociales, el sexo es biología determinada desde su estructura cromosómica y que, aunque deberían coincidir, no siempre lo hacen dejando cabida a la elección y autonomía de cada persona para asumir los roles que quiera.
Por su parte, las corrientes más liberales han borrado el determinismo biológico para conservar únicamente la libre elección de la propia identidad que se desee; incluso, algunas posiciones extremas han asociado a este tema la fluidez como algo natural y deseado en las identidades sexogenéricas de las personas.
Hasta ahora, la identidad animal no se había planteado tan manifiesta como en las últimas semanas con el caso de los therians, quienes se autoperciben como animales, actúan como animales y añaden a su cuerpo la forma animal.
Este fenómeno representa varias premisas:
1.- Ser humano ya no es suficiente para definirse, hay que añadir una subcategoría a los humanos que los defina aún más: humanos animales.
2.-Las conductas humanas no son lo suficientemente coherentes ni legítimas, las de los animales sí.
3.- El respeto por la vida animal merece ir más allá: hacernos animales.
4.- Rechazar la esencia humana como algo determinante para definirnos es preciso pues ésta limita el inmenso abanico de emociones que se pueden experimentar.
Podríamos seguir añadiendo premisas a esta nueva aparición de una identidad humano-animal pero ahora resulta preciso plantear algunas problemáticas:
1.- Desde Aristóteles, las especies se definen en función de su género y su diferencia específica, es decir, un animal (género) se define como “racional” (diferencia específica) y da como resultado una especie: “humano”, en cambio si se le añade al género “animal” otra diferencia específica como “no racional” se tiene una nueva especie que es “bestia” que solía en su tiempo ser entendido como animal indomable. Así, sumar a una especie dos diferencias específicas (racional y no racional) no solo resulta quimérico si no lógicamente imposible.
2.- Lo humano excluye lo animal en el sentido de irracional, es decir, incapaz de libertad y, por ende, de elección. Desde el momento en que una persona añade accesorios animales a su cuerpo para emular una conducta animal y una esencia que no le corresponde deja de actuar como animal y por el contrario actúa como humano al elegir identificarse con esa otra especie, que no es la suya. Hay entonces una contradicción entre lo que un therian dice ser y su propia elección de serlo.
3.- La emoción y el sentimiento que una persona puede experimentar va en función directa con su capacidad para accionar en el mundo y trascender el mero reino de la estimulidad, es decir, de los instintos, de tal suerte que la conexión tan fuerte que algunos pueden experimentar con los animales no corresponde a una identidad sino a una estructura racional que los permite identificar a los animales como seres sintientes. Esto, en esencia, es algo bueno y plausible en tanto que les permite pugnar por su reconocimiento, defensa y su protección.
Ante lo expuesto, un therian ha elegido serlo, es decir, aún considerando tiempos ancestrales donde la identificación con animales a modo de protección era algo frecuente, la elección de una identidad animal a partir de una especie humana definida recae en el reino de la libertad que es propia y exclusiva de la actividad racional.
De la misma manera en que el género es una construcción social estereotipada, la identidad therian lo es también, así, no se trata de una nueva especie humana ni de una quimera genéticamente modificada sino de una creación que, aunque merece respeto en tanto es realizada por una persona, es cuestionable en las premisas que la sostienen.