En México, el dolor de las madres las ha llevado a escarbar la tierra en busca de algún resto o rastro de sus hijos e hijas.
Durante años, delincuentes han sepultado en fosas clandestinas el cuerpo de aquellos sin nombre ni rostro. Las complicidades o los intereses de las autoridades han provocado que, sexenio tras sexenio, se quieran maquillar cifras. Los gobernantes han presionado para que se pierda la cuenta, por un lado, y para que no se cuenten sus historias, por otro.
Esa fue una de las primeras censuras que sufrió la prensa al arranque de la administración de Peña Nieto.
Así es que en el país del duelo de millones de familias es, por decir lo menos, poco sensible y real lo que comentó Andrés Manuel.
El presidente López Obrador dijo que “desgraciadamente no se pueden ocultar los fallecidos” por coronavirus. Además del lapsus que su frase conlleva, faltó a la verdad.
Ahora, hay varias formas de minimizar defunciones. Por ejemplo, desconociendo las actas y certificados médicos que señalan “covid19”, “covid”, “probable covid”, “Sars-Cov-2” o “coronavirus”. Ya ni qué decir de la curiosamente extendida “neumonía atípica” en estos tiempos.
El periódico británico The Financial Times publicó que se subestima en México la cantidad de muertes por la epidemia. Lo consignó la Deutsche Welle en Alemania. Lo hizo el PNUD. También la ONU. Luego la OMS. Así como trabajos periodísticos y académicos. Bueno, hasta la información oficial de Renapo evidencia la gran diferencia entre lo aceptado por la Secretaría de Salud y lo establecido en actas.
También se puede incluir en la mortal estrategia cuidar más la disponibilidad de camas de hospitales que la salud de las personas. Sin diagnóstico adecuado, se corre el riesgo de dejar a la población en la indefensión, en casa; o recibir a pocos enfermos de manera tardía.
Mientras el poder calla, las resguardadas actas de defunción están hablando. Tarde o temprano, el discurso no alcanzará para esconder la realidad.
Y aún sin que el gobierno haya tomado en cuenta todas las pérdidas humanas por la pandemia —fraseando las propias palabras de López-Gatell—, es ya una catástrofe.
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