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Domingo , 21.04.2019 / 03:47 Hoy

No hay derecho

La cédula de identidad personal

Efrén Vázquez Esquivel

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Debido a que con las candidaturas independientes apareció un nuevo fantasma que ha venido a empañar las elecciones de 2018 (me refiero a las denuncias de venta y compra de bases de datos del INE), es conveniente sustituir el uso de la credencial para votar con fotografía como documento oficial de identificación aceptable, por una cédula de identidad personal.

Con dicha cédula se acabaría la costumbre de dejar copia de la credencial para votar en todas partes: instituciones bancarias, oficinas del estado, oficinas de los municipios, jueces auxiliares… y hasta para acceder de visita a algunas de las mentadas colonias cerradas. ¿Imagínese usted cuántas bases de datos del INE puede haber en los mercados negros? ¿Y quién nos puede asegurar que no se hace mal uso de esa información?

Es cierto que los datos personales están protegidos por la ley; pero también lo es que, en México, además de que el valor de la honestidad es escaso, es fama pública que la gente siempre ha creído que no se aplicará la ley, lo que, indudablemente, anima a personas deshonestas a hacer mal uso de esa información.

No es descabellado pensar, entonces, en que sí existen esos mercados negros.

La historia de la cédula de identidad personal en México es la siguiente: en los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo se habla de la necesidad de este documento; pero fue rechazado por la oposición argumentando que, en el fondo, estaba la intención de tener un férreo control de cada ciudadano desde Gobernación.

Ahora bien, con todo y la reforma política de López Portillo, cada elección realizada era cuestionada por la falta de confiabilidad en el padrón y la credencial para votar. La exigencia de una credencial para votar con fotografía con altos estándares de seguridad, para garantizar la certeza de que cada persona representara un voto, adquirió mayor fuerza. Fue así como, en 1992, aparece la nueva credencial con fotografía como ahora la conocemos.

Después, en 1996, apareció el decreto que creó el CURP (clave única de registro de población). Se dijo que éste sería el único documento oficial que serviría como cédula de identidad; pero como por razones económicas el CURP carece de fotografía y la información que contiene carece de un alto estándar de seguridad, no se cumplió con esta promesa.

Y la costumbre se impuso: la credencial del IFE, ahora INE, se impuso como cédula de identidad personal, con las consecuencias que ya conocemos.

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