El lunes, 55 mil en La Minerva. Martes, 50 mil. Miércoles, 100 mil. Jueves, 270 mil. Otras decenas de miles en el Centro de Guadalajara. Otros tantos puntos de actividades mundialistas en todo el país. Masas embriagadas de euforia nacionalista que emerge cada cuatro años hasta en el más recalcitrante. El individuo queda reducido ante la voluntad y la energía colectiva; se mueve con la inercia del todo, sin pensar ni razonar.
La masa no se queda quieta, se mueve, se multiplica y se contagia. Aprovecha el semáforo en rojo para sacudir automóviles ante la mirada atónita y temerosa de los conductores, camina por el arroyo vehicular sin ninguna precaución, con la confianza de que nadie acelerará la marcha contra ella. Comparte todo, hasta las botellas de tequila que pasan de boca en boca o las cervezas de los cartones que posan sobre las banquetas como si no existieran restricciones.
Nada de eso ocurre en un día común. Muchos jamás habían imaginado que un día actuarían así, pero hoy el atrevimiento está cobijado por el anonimato y la impunidad que permite la multitud. Dos factores determinantes para hacer o no algo que, si se detienen un momento y salen de la masa, reconocen como una acción impropia de sí mismos.
Y es que la masa no piensa, no razona, no cuestiona. Actúa y reacciona, nada más. Revela el lado salvaje que se esconde en la cotidianidad para cumplir las normas sociales. Ahí no existen límites ni consecuencias. Es un ente en el que se permite ser más allá del bien y el mal. Por eso mismo, el descontrol está siempre latente, y basta uno que incline la aguja de la fiesta a la violencia.
El tumulto se vuelve una olla de presión que lo mismo desfoga baile y brincos que agresiones y accidentes. Y una vez que se dispersa, queda la evidencia: cristales rotos, basura y heridos. Como los 17 atropellados por un automovilista desesperado en Cabo San Lucas; las dos mujeres agredidas con arma blanca en medio de la zona fiestera de Chapultepec de Guadalajara; y otros tantos heridos entre la multitud que no llegan a los encabezados de noticias.
La masa es refugio y trampa. Dentro, es protección y aval; pero fuera, queda el individuo, su conciencia y el cuestionamiento de hasta dónde se es capaz de llegar cuando se pierde a sí mismo en la voluntad de los demás.