SERIE PERIODÍSTICA “QUÉ MÁS PODEMOS HACER” / TERCER ROUND
En nuestras conversaciones, Julio César Chávez me ha relatado varios de los momentos más duros de su vida. Derrotas, caídas, adicciones, problemas familiares, crisis financieras y un desborde que lo llevó incluso a intentar quitarse la vida una noche terrible en su mansión de Culiacán convertida hoy en día en Centro de Rehabilitación.
Cuando conocí a Julio por primera vez, el relato de su recuperación después de haber caído me pareció tan importante como su época de tricampeón mundial invicto o de sus años iniciales boxeando en el Auditorio Municipal de Tijuana.
-¿Cómo encuentra alguien la fuerza necesaria para volver después de caer? -pregunté a Mike Tyson.
-No nos rendimos. Nos rendimos. Seguimos creyendo en el amor. Simplemente no hay que rendirse. El mundo quiere que te rindas. Eso es lo que el mundo quiere que hagas, pero tienes que luchar contra el mundo si quieres recibir las gracias del mundo. El mundo no te dará nada gratis. Tienes que luchar.
Luchar. Un verbo que me encanta y que Tyson invocaba una y otra vez más allá del ring y del box, porque dejar de boxear no significa para un boxeador, según entendí, dejar de pelear, de combatir, de luchar.
“Cuando terminas de boxear, lo que le pasó a él es lo que le va a pasar a todos los boxeadores, eso es lo que nos pasa siempre. Todos estos boxeadores que se supone que se van a retirar con mucho dinero, al final del día siempre están regresando a pelear. Siempre”.
Tyson me había dicho antes que no sabía hacer otra cosa que boxear para conseguir dinero y ahora me explicaba que no solo se trataba de una cuestión económica, sino de identidad, casi existencial.
Luego hizo una asociación que al inicio me desconcertó un poco. Por un momento dudé sobre lo que entendía, pero mi compañero detective Meño Larios (que trabajó encubierto en Utah varios años) me hacía esquina con la traducción.
“El box es un trabajo como el ser dentista. Pierdes una pelea y es como un mal día en la oficina. Nos levantamos al día siguiente y seguimos trabajando. Así es como va todo. Somos peleadores y eso es todo lo que sabemos hacer. Los boxeadores de verdad, eso es lo que sabemos hacer: no sabemos cómo no ser dentistas”.
Al final entendí el ejemplo, aunque me intrigó la analogía dental. “Puedo conseguir ahora algunos papeles siendo hasta actor y todas esas cosas”, dijo refiriéndose luego al mundo del entretenimiento, donde se han hecho series, documentales, películas, shows de comedia e infinidad de comerciales y productos teniendo a Tyson como figura central. “Ellos me pueden pagar dinero, puedo obtener mil millones de dólares, pero el dinero no puede pagar esta emoción de ser campeón. Si alguien le dijera a Chávez: toma un millón de dólares y ya no pelees, ¿crees que él haría eso? ¡Mierda! ¡No!”.
-¿Qué significa el box?
-El box está en nuestra sangre. No puedes comprarlo de nosotros. No sé qué es, pero está en nosotros. La lucha está en ti. Creo que está en ti cuando naces y no lo sabes hasta que empiezas a pelear. Está en tu espíritu”.
Antes, al principio de la entrevista, le había preguntado si un campeón nacía o se hacía. “A mí me gusta decir que te haces campeón a través de las adversidades. Primero tienes que ser campeón antes de convertirte en campeón. Hay que tener mentalidad de un campeón para que eso se traslade y seas un campeón físico”.
-¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse al boxeo?
-Cada vez que te esfuerces por ser el mejor del mundo, y quiero decir en cualquier cosa, porque puedes ser el mejor recogedor de basura del mundo, va a haber decepciones. Puedes quedar noqueado, puedes lastimarte, puedes ser humillado. El remedio es nunca rendirte. Tienes que querer estar de pie más de lo que cualquiera en el mundo quiere que estés caído. Tienes que creer en ti mismo. La confianza engendra éxito. El éxito engendra confianza. No hay nada más poderoso en el mundo que la confianza. Y nadie tenía más confianza en sí mismo que Chávez”.
-¿Cómo era Julio?
-Chávez se peinaba, se trenzaba el pelo antes de pelear. Estaba como en una discoteca, como en una fiesta antes de subirse a pelear.
Contrasté la imagen que me daba Tyson con el relato de resiliencia de Julio que tanto me atrae. Asocié un poco esta vivacidad que describía Tyson con la sonrisa característica de Julio.
-¿Pero qué pasa con esa confianza cuando dejas de ganar peleas?
-Todos vamos al mismo lugar. Todos vamos al final del camino. Ahora estamos de vuelta a donde empezamos. Venimos de la nada, la mayoría de las veces volvemos a la nada. La mayoría de nosotros morimos en el barrio en el que nacimos. Aún así vale la pena tener esa gloria para ser campeón. Venimos de la nada, la mayoría de las veces volvemos a la nada, pero logramos algo que la gente nunca puede lograr.
-¿Qué?
-Duramos para siempre en la historia.
De manera inesperada, Tyson volvió a llorar. Aunque esta vez reaccionó de inmediato con una voz furiosa, proyectando una respuesta a alguien que sentí que no era yo, ya que no habíamos hablado de los críticos de Julio.
“Todos esos tipos hablando mierda de Chávez, pero ¿vas a saber de ellos dentro de cien años? No, pero sí vas a hablar del récord de Chávez. Si alguien piensa que lo que hizo Chávez no es nada, que lo haga. Superen sus récords. ¿El no es nada, ni mierda? Superen su récord entonces. Nadie quiere esa tarea, porque nadie puede”.
Luego se calmó un poco y solo dijo: “Hay tanta gente hablando porquerías, pero Chávez es muy espiritual. A veces tu espiritualidad se nubla cuando estás alrededor de demasiadas nubes oscuras.
-¿Tú eres espiritual?
-Trato de serlo. Quiero serlo, lo estoy intentando, pero no soy de ese tipo. Yo nací para vivir de las experiencias. Sólo creo en que hay que ser amable con el mundo.