SERIE PERIODÍSTICA “¿QUÉ MÁS PODEMOS HACER?”/SEGUNDO ROUND
La primera entrega de esta serie periodística terminó con Mike Tyson llorando después de que le pregunté por qué hombres como él y Julio César Chávez seguían peleando después de haber conocido la gloria y el abismo. “No podemos hacer otra cosa. ¿Qué más podemos hacer?”, me respondió con una voz quebrantada, impregnada de rabia y dolor.
Antes habíamos platicado sobre algo que parecía conectar las vidas de ambos. “Lo único que quiere hacer Julio César Chávez es ayudar a la gente. Ayudar a su familia, ayudar a la gente. Y hay quien se aprovechó de él. Quizás amigos, incluso tal vez familia, pero eso es todo lo que él realmente quería hacer. Yo lo conozco personalmente, eso es lo que él quiere siempre: ser amable. No se preocupa por sí mismo”.
Tyson regresó una y otra vez a esta idea durante la entrevista. “Hacer feliz a la gente que amas. Eso es lo que nos encantaba de ser boxeadores”. Recordó que antes de tener dinero no podía llevar a ningún lado a las personas que quería. “Nunca pudimos hacer felices a las personas que amábamos porque no teníamos dinero ni nada. Siempre nos quedábamos en el mismo lugar. Probablemente siempre juntos en la sala, salir a un club o algo así. Nunca pudimos ir realmente a ninguna parte, porque no teníamos dinero, entonces, cuando me convertí en boxeador podíamos ir por todo el mundo a donde quisiéramos”.
La riqueza no llegaba sola, sino acompañada de la obligación de compartirla, me explicó. “No puedes irte y dejar a esa gente ahí abajo... No puedes ser exitoso y luego dejar a esa gente ahí abajo, ésa no es la cosa. Se supone que debes subir y traer a algunos arriba contigo, sólo creo que hay que enseñarles a comer para que ya no tengan que depender de ti”. Esta última parte de su respuesta me pareció ser una lección aprendida después de.
“(Chávez) tenía mucha gente en México. Tenía tanta gente con la que salía: los colgados, sus amigos... Tenía mucha, mucha presión con la que lidiar, pero se preocupaba por la gente. Él es muy emocional. Llora por cualquier cosa. Si le das una historia triste, él te dará cada dólar de su bolsillo.
“Julio es un buen tipo y no guarda rencor. A veces se enoja con la gente y dice que está enojado, pero en lo profundo de su corazón no lo está realmente. Es un tipo muy bueno. Tiene mucho corazón… Por eso hay gente que se aprovechó de él. No tienes que robarle. Él te lo va a dar. Hay gente que podría pensar que es un tonto, pero ése es el corazón de un campeón. Por eso es campeón, tiene corazón real”.
El corazón es una palabra que no he oído tanto en mi experiencia de estos años entrevistando a boxeadores y gente del ambiente. Quizá un par de periodistas especializados la mencionaron alguna vez para describir a quien soporta el castigo en el ring pero se mantiene en pie. Hasta ahí. Tyson la usó para describir a Julio fuera del ring y luego me contó una anécdota de los años dorados de ambos con Don King.
El legendario promotor le había regalado a Julio un Excalibur, uno de esos extravagantes autos que imitaban coches de lujo de principios de siglo. “Era una tontería de fantasía, como auto de proxeneta, pero se veía genial”. El coche estaba hecho para dos tripulantes, pero Julio metió alrededor de veinte personas, rememoró Tyson. Luego se rio. Verlo reír, después del momento de llanto que habíamos tenido, me animó, debo acotar. “¡Veinte personas anduvieron en un auto construido para dos!”, siguió sonriendo exaltado.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que la imagen era tan extraordinaria para Tyson, quizá porque reflejaba esa compulsiva necesidad de Julio —¿y del propio Tyson también?— por compartirlo todo. El campeón mundial recibe un coche de lujo para dos personas que termina conduciendo con una multitud encima.
Tyson me contó también de las fiestas de aquellos años y de un viaje que hizo a Culiacán a principios de los noventa. “Había mucha gente alrededor, de su familia, de sus amigos. Julio sólo quería ir de fiesta, divertirse con todos, ser feliz. Por eso lo quería tanto, porque era una persona real. Recuerdo el viaje que hice a Sinaloa… Nunca conocí a nadie más pobre que yo hasta que fui a México”.
Aunque Tyson había crecido en Brownsville, Brooklyn, uno de los barrios más desiguales de EU en los setenta, aquel viaje le había revelado una pobreza desconocida. “Fue entonces cuando vi por primera vez una pobreza real que realmente superó mi pobreza. La gente vive alrededor de tanta tierra, pero vas a sus casas y los pisos están inmaculados. Puedes comer hasta del piso de lo limpio que está. Nunca había estado en México hasta que Julio me llevó ahí. Mucha gente mexicana me llegó a conocer a través de Julio. Ambos peleamos con todo el mundo. Entreteníamos a la gente”.
Para Tyson existe una diferencia fundamental de él, Julio y los campeones de su época con los actuales: la frecuencia con la que peleaban. Me lo dijo varias veces durante la conversación de casi dos horas. Esa continuidad construía una relación diferente con el público. “¿Y ahora?, ¿cómo tiene la gente la oportunidad de verte?, ¿cómo consigues una base de fans?”, pregunto al hablar de boxeadores que actualmente pelean sólo una o dos veces al año.
“Nosotros queremos que la gente nos ame. Eso es lo real. Los boxeadores queremos que la gente nos ame, queremos que nos celebren, queremos caerle bien a la gente, aunque a veces tienes que arrepentirte de lo que pides, porque a la persona equivocada le empiezas a caer bien. Incluso te aman a veces. Tipos como Julio y yo, campeones en general, odio decir esto: atraemos eso”.
—¿Atraen qué? —pregunté.
—La inmundicia, la escoria, los asesinos, los ladrones de bancos… Atraemos eso porque venimos de eso. Ellos están orgullosos de que somos de su vecindario. La mayoría de los traficantes de drogas y todos los gánsteres que conocía probablemente iban a la escuela conmigo, probablemente estaban en el mismo barrio. Así es como conocemos a estos tipos, porque su madre y su padre vivíamos en el mismo edificio y ellos se convirtieron en gánsteres, nosotros nos convertimos en peleadores.
“Todos nos conocemos. Entonces, la gente piensa que cuando nos hacemos famosos conocemos a estos tipos. Pero hemos conocido a estos tipos toda nuestra vida. Simplemente fuimos en direcciones diferentes”.
—¿Y cómo son las relaciones con ellos?
—Hay algunos tipos de los que tienes miedo de no aceptar un regalo. Algunas de estas pueden ser las personas más peligrosas del planeta, pero te quieren”.
(CONTINUARÁ…)