Policía

La doctrina Trump. Primera temporada

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La doctrina Trump no exporta democracia porque estorba. Es lenta, incómoda, contradictoria. La doctrina Trump se ve mejor en pantalla que en la realidad: es una serie policial gringa, de esas en las que cualquier problema del mundo capitalista cabe en un expediente manila y se resuelve con una entrada en falso antes del fin del primer acto.

Una voz en off engolada anuncia que “el orden está en riesgo”. La cámara recorre mapas nocturnos de Caracas, puntos rojos que parpadean bajo la luz de la luna llena. Un asesor señala la pantalla y pronuncia las palabras mágicas: narco, terrorista. Con eso basta. La soberanía se vuelve ruido de fondo, y la historia, un estorbo. Si es narco y terrorista, es criminal; si es criminal, procede el arresto. Fin de toda discusión.

Hoy manda quien impone el marco narrativo que circula mejor. Si el detenido es narcoterrorista, el debate político se vuelve moralina; y la acción ilegal y arbitraria, “necesaria”. Un acto geopolítico (y de negocios) es convertido así en un operativo policial cuyo nuevo episodio desembocará ahora en un courtroom drama neoyorquino.

En esta serie, la democracia no tiene relevancia. El guion prefiere la lógica policial: restaurar el orden, sacar de circulación al villano, limpiar la escena del crimen. El hemisferio occidental entero será entonces una jurisdicción ampliada, una temporada interminable de Law & Order: Hemisphere Unit, donde la doctrina Trump siempre gana.

Frente a las series policiales gringas, el periodismo tiene una sola opción: no aplaudir el espectáculo, no repetir el parte policial, no confundir orden capitalista con justicia cabal. Porque el Estado que hoy captura en nombre de la seguridad es el mismo que mañana silenciará en nombre del orden. No hay excepción que no pida repetirse.

Hasta el New York Times —que avaló la falsaria invasión a Irak en 2003— advierte que este precedente autoriza a cualquiera a hacer lo mismo. Si EU puede secuestrar a un jefe de Estado porque lo considera criminal, ¿qué impide que otros hagan lo propio?, ¿quién o quiénes son ahora los sheriffs encargados a escala global? El poder ya no necesita justificarse éticamente; le basta funcionar y ser consumible como noticia viral.

La pregunta no es si esta serie policial gringa es verosímil o no. La pregunta es si vamos a soportarla temporada tras temporada. Porque cuando el mundo acepta ser tratado como una escena del crimen, siempre habrá un sheriff dispuesto a entrar a patadas a una casa, a una comunidad, a un país, con la placa en la solapa. Y en las series policiales gringas, ya lo sabemos, el orden capitalista siempre se restaura… todos sabemos a favor de quién.


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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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