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Un torneo atípico

El futbol mexicano se encamina a un certamen muy peculiar, con una liguilla extraña, desacomodada, marcada por las ausencias. No será atípica por el formato, que de hecho retoma el sentido común con ocho equipos clasificados a la fase final, sino porque se jugará sin seleccionados con planteles parchados en el clímax del torneo. En ese contexto, hay equipos que no solo compiten por el título, sino que están obligados a ganarlo.

El Cruz Azul es el caso más evidente. La Máquina no sólo arrastra años de presión histórica, sino que ha decidido asumirla de frente: el equipo que más y mejor se reforzó. No hay margen para la paciencia. En un torneo que se definirá sin varios de los nombres más importantes de la liga, el conjunto cementero (ahora en el estadio Cuauhtémoc de Puebla) entiende que no levantar el título sería leído como un fracaso, independientemente de las circunstancias.

El Monterrey vive una situación similar, aunque desde otra trinchera. La inversión, el plantel y la expectativa colocan a los Rayados en la misma línea de exigencia: ganar o explicar por qué no. Para un club que ha apostado fuerte en lo deportivo y en lo institucional, una liguilla mutilada no es pretexto, sino una oportunidad.

La Pandilla está diseñada para resistir ausencias, para competir con fondo de armario y para imponerse. No hacerlo sería confirmar que el proyecto sigue quedando a deber en los momentos clave.

Torneos como el que comienza esta noche, incompletos y comprimidos, suelen abrir la puerta a lo inesperado. Cuando los grandes ajustan y los favoritos cargan con la presión de formar una selección, aparecen los equipos que juegan sin obligación.

Ahí es donde entran perfiles como el de los Xolos de Tijuana de Sebastián El Loco Abreu. Un equipo que no figura en la lista de los obligados, pero que puede convertirse en el incómodo del cuadro, el que aprovecha el desorden, el que entiende mejor el contexto.

Abreu representa esa lectura del futbol sin complejos. Equipos intensos, directos, con identidad clara y sin miedo a enfrentar escenarios adversos. En una liguilla sin seleccionados, donde la jerarquía se diluye y la improvisación se vuelve moneda corriente, ese tipo de proyectos suelen crecer.

Por eso esta liguilla será atípica, sí, pero también reveladora. Porque mostrará quién está construido para ganar cuando el entorno se vuelve caótico y quién depende demasiado de las condiciones ideales.

El Cruz Azul y el Monterrey están obligados a levantar la mano. Otros, como los Xolos, pueden permitirse soñar. Y en el futbol mexicano, cuando el torneo se juega incompleto, el sueño de la clase media se puede hacer realidad.

El caso del Puebla merece un párrafo aparte. Mientras otros equipos entienden la liguilla como una obligación o como una oportunidad histórica, La Franja suele llegar a estas instancias desde la resignación anticipada.

Planteles cortos, refuerzos de bajo impacto y decisiones tomadas más desde la contabilidad que desde la competencia terminan por exhibirse cuando el torneo entra en su fase decisiva. En una liguilla atípica, donde el desorden exige audacia, el Puebla vuelve a aparecer como un equipo preparado para administrar la derrota antes que para ser un contendiente serio.

Y aun cuando el contexto abre grietas, el Puebla rara vez se atreve a cruzarlas. La ausencia de seleccionados no iguala el escenario para todos.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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