Deportes

Puebla en la antesala del Mundial

Puebla está en la conversación grande del futbol nacional e internacional. La Angelópolis se perfila para recibir los partidos de despedida de la Selección Mexicana de Futbol —con rival aún por definir— y, para albergar el duelo del 8 de junio entre la Selección Española y Chile. No es poca cosa. Es, de hecho, una oportunidad histórica.

Los partidos de despedida no son simples amistosos. Son la última puesta a punto de las selecciones previo o lo que puede ser el mes más importante de su historia. Son el último abrazo entre la selección y su gente antes de lanzarse al abismo de una Copa del Mundo. Que Puebla pueda ser escenario de ese momento habla de una ciudad que, al menos en el papel, ha recuperado peso específico en el mapa futbolero del país.

El impacto sería múltiple. En lo deportivo, el estadio Cuauhtémoc volvería a colocarse en la vitrina internacional, no como sede ocasional sino como plaza confiable y funcional para un partido de dicha envergadura.

En lo económico, la derrama sería inmediata: hoteles llenos, restaurantes a tope, transporte, comercio, turismo deportivo y una ciudad que se mueve al ritmo del balón. En lo mediático, Puebla regresaría a las pantallas del mundo en la antesala de un Mundial.

Puebla es futbolera, aunque a veces se le olvide al propio futbol. Aquí la Selección siempre ha encontrado respuesta, aún en tiempos de desencanto. Un partido de despedida sería también una reconciliación: selección-afición, estadio-ciudad, futbol-país, a días de la inauguración en el Azteca. Y si a eso se suma la presencia de España enfrentando a Chile, el golpe de prestigio es mayor: campeones del mundo, selecciones históricas, futbol de alto nivel en una plaza que durante años fue subestimada.

Empero, justo ahí aparece el otro lado del relato. El que nadie quiere escribir, pero que siempre ronda. Perder estos partidos sería un golpe durísimo para Puebla. No sólo en términos económicos o deportivos, sino simbólicos. Sería confirmar que, pese a los discursos, la ciudad sigue siendo opción secundaria; que cuando llega el momento de decidir en serio, otros levantan la mano con más fuerza, más relaciones y más garantías, o peor aún: que la ciudad no estaba preparada.

Quedarse sin los juegos de despedida sería perder una oportunidad irrepetible de mostrarse ante el mundo. Sería dejar pasar un escaparate que no se abre todos los años. Y sería, sobre todo, mandar el mensaje equivocado: que Puebla no supo, no pudo o no quiso cerrar una negociación que estaba al alcance.

Por eso el momento es clave. No basta con estar “a punto”. En el futbol —y en la política deportiva— los “casi” no cuentan. O se es sede o no se es. O se capitaliza la coyuntura o se mira desde lejos cómo otros celebran.

Puebla está ante una puerta entreabierta. Detrás hay historia, futuro y prestigio. Afuera, el riesgo de volver a explicar por qué esta vez tampoco se dio. Y en estos temas, como en la cancha, el partido no se gana con intención, sino con decisión.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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