Deportes

La Selección no prende

Hay una escena que se repite cada vez con mayor frecuencia alrededor de la Selección Mexicana: el partido está en la pantalla, empero, ya no acapara la conversación. Los programas de futbol siguen su curso, aunque el análisis se diluye entre otras ligas, otros temas, otras urgencias.

No es una crisis de resultados —al menos no únicamente—, sino una crisis de identidad y de cercanía. La afición pasó del escepticismo de otros ciclos mundialistas a la desafección por un producto que no prende.

Durante décadas, la Selección fue el centro gravitacional del futbol mexicano. Ordenaba agendas, marcaba rating, imponía temas en la mesa. Ganara o perdiera, el análisis se prolongaba días enteros. Hoy, en cambio, su presencia mediática se ha relativizado. El partido pasa, se comenta lo justo y rápidamente se vuelve a la Champions, a la Premier, al mercado europeo o incluso a la polémica arbitral de la liga local.

A unos meses del Mundial, el fenómeno debería encender todas las alarmas. No porque el aficionado tenga la obligación de consumir sin cuestionar, sino porque el futbol de selecciones se sostiene, ante todo, por la identificación. Y esa identificación se ha ido diluyendo entre proyectos poco claros, discursos reciclados y una sensación persistente de que la Selección pertenece más a una televisora que a la gente.

En el calendario de México jugará el domingo en Bolivia para posteriormente enfrentar el 25 de febrero en Querétaro a Islandia y en marzo medirse ante la Portugal de Cristiano Ronaldo en la reinauguración del estadio Azteca, una Fecha FIFA en la que se topará también ante Bélgica en Chicago.

México jugará posteriormente en Puebla ante una selección africana aún por designar, en Toluca frente a un representativo asiático y en Los Ángeles contra un europeo. Falta, sin embargo, que ese trayecto tenga un sentido futbolístico que reconecte con la gente.

El aficionado percibe —quizá con razón— que los encuentros se acumulan sin una narrativa deportiva clara. Cambian los entrenadores, se ajustan procesos, se prometen transiciones, empero, la Selección sigue sin instalarse nuevamente en el centro de la conversación cotidiana.

Paradójicamente, el Mundial se jugará en casa. México será anfitrión, escaparate internacional y punto de referencia global. Y aun así, la Selección llega envuelta en una distancia emocional inédita. Nunca había sido tan evidente la brecha entre el aparato que la administra y el público que la consume. Nunca había sido tan común escuchar que “ya no genera lo mismo”.

La pregunta no es si el aficionado debe volver —el aficionado siempre vuelve cuando se siente representado—, sino si la Selección está dispuesta a reconstruir ese lazo.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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