Nadie sabe a ciencia cierta cuál será el futuro del futbol profesional en la Angelópolis. Rumbo a sus 82 años de historia, el Puebla no ha podido alejarse de la zozobra —al contrario— vive uno de los momentos de mayor incertidumbre.
Cuando Grupo Salinas apareció en el horizonte de Los Camoteros en 2017, se albergó la ilusión de que por fin pudiera consolidarse un proyecto estable en materia financiera y deportiva. Lo primero se logró hasta cierto punto y lo segundo se asomó durante los dos años que Larcamón estuvo en el banquillo poblano.
Aunque el Puebla siempre manejó un presupuesto modesto y nunca fue un verdadero aspirante al título, las finanzas se sanearon y el equipo salió a flote dejando atrás los últimos lugares de la tabla, empero, la nula visión deportiva y un presupuesto cada vez más austero hicieron crisis.
El Mazatlán está en venta y apalabrado con Emilio Escalante del Atlante. Los Cañoneros, otrora Monarcas Morelia, están por desaparecer para dejarle su lugar a los tradicionales Potros de Hierro. La franquicia que en 1995 compró Ricardo Salinas Pliego con su socio Moisés Saba, está por cambiar de manos.
El Puebla, ya sea para bien o para mal, no está en la misma situación. Aunque hay una versión que apunta a la salida definitiva de Grupo Salinas del futbol y se comienzan a barajar posibilidades de empresarios que pudieran entrarle al quite —con la venia del gobierno de Puebla—, hasta ahora, la televisora del Ajusco no ha dicho “esta boca es mía” respecto al equipo de la Franja.
Si la idea de dejar definitivamente el futbol mexicano, tiene mucho sentido con base en la atención absoluta que se va a encaminar a la política, tampoco podría sorprendernos si se trata sólo de un ardid, una estratagema en la que Salinas Pliego deje un pie en la Federación Mexicana a través del Puebla, operando los entretelones vía la pantalla de un dueño ajeno al corporativo, como de hecho viene ocurriendo.
El gobierno de Puebla deberá jugar un papel clave en la labor de rescate o supervivencia del equipo de futbol. Se entiende que tener un club de la Liga MX no es un lujo, sino una pieza estratégica para la proyección de la entidad. La mejor prueba de ello llegará el 5 de diciembre, cuando una comitiva de la Secretaría de Turismo y de la Universidad del Deporte, viaje a Washington para estar presente en el sorteo del mundial.
No van de paseo: buscan amarrar una federación que adopte al estadio Cuauhtémoc como base de entrenamientos en 2026. Es una jugada ambiciosa, pero necesaria si Puebla quiere mantenerse en el mapa grande del balompié. A esto se suma un guiño mayor por parte de la FMF: todo apunta a que el partido de despedida de la Selección Mexicana rumbo al mundial tendrá como sede el Cuauhtémoc.
Las cartas están echadas y la moneda está en el aire. Mientras la desteñida versión actual del Puebla, se prepara para otro torneo lleno de derrotas, en los escritorios de Ricardo Salinas Pliego, el gobierno de Puebla y el sector empresarial local, se define el futuro del futbol en la plaza.