Hace cuatro años, Rusia inició una invasión a gran escala contra Ucrania. Este ataque ha puesto en peligro al derecho internacional y desestabilizado a Europa. Por ello, desde el primer momento, Noruega ha condenado la invasión y ha respaldado el derecho de Ucrania a la legítima defensa, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Asimismo, el gobierno noruego ha subrayado que la lucha de Ucrania también concierne a la seguridad de Europa y al principio fundamental de que las fronteras no deben modificarse mediante el uso de la fuerza.
Si lo vemos en términos más simples, se trata, en realidad, de cuestiones que atañen al mundo entero; es decir, Noruega apoya la causa ucraniana no solo por el impacto de la guerra en Europa sino porque, en el fondo, es una causa universal: la soberanía y la no intervención. Estos son principios que resuenan al margen de la región del conflicto, como en México, por ejemplo. En palabras de nuestro primer ministro, Jonas Gahr Støre, “Ucrania está peleando una batalla por nuestros valores compartidos”. Cuestionar la invasión rusa, entonces, es también preguntarse por el mundo que queremos, tanto para nuestro presente como nuestro futuro; en esto, Noruega apuesta por uno basado en reglas, pues solo así se garantiza estabilidad y seguridad.
Pero el apoyo noruego va más allá de fundamentos teóricos y pronunciamientos, el país ha respondido contundentemente a esta agresión con asistencia tanto en el ámbito militar como en el civil y humanitario. La mayor parte de la contribución noruega se articula a través de un programa de apoyo conocido como el Programa Nansen. Este fue aprobado en 2023 con un amplio consenso político y lleva el nombre de Fridtjof Nansen, científico y explorador polar noruego reconocido por su labor humanitaria tras la Primera Guerra Mundial. El Programa Nansen tiene como objetivo integrar la asistencia militar, económica y humanitaria dentro de un marco coherente. Inicialmente fue establecido con un presupuesto de 135.5 mil millones de pesos mexicanos para un período de cinco años, aunque posteriormente ha sido ampliado en varias ocasiones.
Actualmente, la perspectiva del apoyo se ha extendido hasta 2030, con un marco financiero aproximado de 497 mil millones de pesos mexicanos lo que demuestra que la contribución de Noruega es tanto sustancial como de largo plazo. Esta ampliación refleja también la evaluación de que Ucrania necesitará respaldo más allá de los primeros años críticos de la guerra. El año pasado, en un pronunciamiento en el marco de la reunión ministerial de la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa, el canciller noruego, Espen Barth Eide, urgió a que la construcción del orden de posguerra comience ya, pues los esfuerzos no solo deben encaminarse a terminar la guerra: “Nosotros los europeos sabemos bien, quizá demasiado bien, que la manera en la que termina una guerra define el periodo de posguerra. Y la posguerra siempre dura más que la guerra. Si cometes errores buscando un cese al fuego barato, tendrás una paz muy cara después,” afirmó.
Para 2026 se han asignado 153 mil millones de pesos mexicanos a través del Programa Nansen, de los cuales 126 mil millones se destinan a apoyo militar y 27 mil millones a fines civiles y humanitarios. Esta distribución evidencia que Noruega prioriza tanto la capacidad de Ucrania para defenderse militarmente como la necesidad de mantener estructuras sociales funcionales mientras el conflicto continúa: la continuidad de escuelas, hospitales y servicios básicos deben garantizarse a la población. La seguridad energética es un ejemplo de esto, 8.7 mil millones de pesos se han destinado para mantener el abastecimiento de energía ante los ataques rusos a su infraestructura energética. Por otro lado, la visión a largo plazo se ha cristalizado en programas que quizá parezcan fuera de lo común en contextos de guerra, como el apoyo al desarrollo comercial, lo cual tiene por objetivo garantizar la inversión privada necesaria para una plena reconstrucción de Ucrania. Bajo esta misma óptica, se otorga un apoyo sustancial a la sociedad civil, con 1.67 mil millones de pesos enfocados a fortalecer los derechos humanos y la democracia.
A cuatro años de la invasión a gran escala, Noruega mantiene firmemente su posición: el apoyo a Ucrania debe seguir siendo amplio y sostenido a lo largo del tiempo. Esto es esencial para ganar la guerra de agresión de Rusia, proteger a la población civil y garantizar que Ucrania pueda decidir su propio futuro como un Estado libre y democrático. Ucrania no solo necesita asistencia para la gestión inmediata de la crisis, sino también para la reconstrucción y las reformas estructurales que vienen.
De esta manera, el Programa Nansen representa una nueva etapa en la política exterior y de seguridad noruega, y constituye una señal clara de que Noruega considera que la lucha de Ucrania es decisiva también para el futuro de Europa y el mundo entero. La guerra de Rusia contra Ucrania sigue siendo un recordatorio de lo frágil que son la paz y la estabilidad, y, por lo tanto, de la importancia de defenderlas activamente.