Estoy convencido que existen dos tipos de encuestadoras. Las que difunden resultados a modo y, las que comunican (sin encargo alguno), el momento real de aquello que se mide o valora.
Sin embargo para tener una percepción global sobre los resultados de las encuestadoras es necesario contar con una encuesta de encuestas (poll of polls), y así tendremos una claridad global del momento psicosocial en el aquí y ahora.
En días pasados circuló información por parte del encuestador Roy Campos donde coloca al presidente Andrés Manuel López Obrador por arriba del 56 % en aprobación presidencial.
Comparándolo con EPN al mismo periodo este iba en caída libre.
Hay analistas que sostienen que el orgullo del grupo de Atlacomulco (EPN), terminó con menos del 20 % de aprobación.
Y hablando de bandidos, Carlos Salinas de Gortari terminó con un 70 % de aprobación.
Claro está que ese nivel tan alto fue cuando el viejo régimen tenía controlado a los medios, las encuestadoras y a la opinión pública en general.
No le pusieron un 80 % para no verse tan ridículos ante la comunidad internacional.
Pero volviendo a la aprobación del presidente Andrés Manuel López Obrador nuestro mandatario debe estar disfrutando estar cumpliendo con la agenda que se trazó al inicio de su sexenio. Teniendo como centro a los pobres.
Rompiéndole la madre a la oligarquía que se enquistó en el poder.
Los mismos que siguen viendo a la política como transa y negocio.
Basta ver el acuerdo de Marko Cortés en Coahuila. Han negociado notarias y permanencias de magistrados.
¿Así o más mafiosos? La camorra italiana les queda corta.
Se vale la negociación y el acuerdo pero lo que es inefable es que se condicionen posiciones, espacios o bienes públicos cual moneda de cambio.
Sin embargo no hay mucho de que extrañarse cuando tiene por maestro a Ricardo Anaya alias el “Canallín” para los cuatrotetistas.
La prostitución política en Coahuila es de dimensiones bíblicas. Pero esa, esa es otra historia.
Pero volviendo al poll of polls de AMLO este se coloca sobre el 70 % de aprobación y eso es mucho cuando hay toda una estrategia para debilitar al tabasqueño y los números positivos que trae MORENA respecto a las elecciones presidenciales de junio próximo.
De esta reflexión me surge una pregunta:
¿Qué está haciendo AMLO para tener esos niveles de aprobación/popularidad al terminar su gobierno?
La pregunta y la respuesta llevan un tanto de neurosis para quienes no comprenden esos niveles y sobre todo CÓMO (en mayúsculas), se ha llegado a ellos.
Se enredan en argumentar que todo es el efecto de las políticas sociales y que padecemos de idiotez quienes apoyamos a la cuarta transformación.
A los beneficiarios de los programas sociales les llaman “parásitos”.
Lo que está pasando en el país es producto de un fenómeno llamado transformación y eso no lo pueden entender una minoría por dos razones:
La primera, por su estrecho y reducido margen de la comprensión social y política porque han visto al poder como un medio y no como un fin.
Han vivido en burbujas de cristal y se toparon con pared al darse cuenta que a México los poderosos habían convertido en un botín sin importarles la pobreza y el apoyo a los más necesitados.
Y la segunda, porque han sido parte del mismo sistema que hoy es repudiado por la mayoría donde el clasismo y la exclusión permearon en todas las instituciones incluyendo aquellas que se sienten intocables como el Poder Judicial de la Federación (PJF) y los Órganos Autónomos, específicamente el INE.
Estas historias tendrán que cambiar con las reformas constitucionales que están en puerta.
Los opositores y críticos del presidente estoy convencido no encuentran como contrarrestar su aprobación pues es la antesala de la continuidad de un próximo gobierno que consolidará su política transformadora y que su carisma y aceptación ante las mayorías -como diría el gran teórico de la administración pública Max Weber-, siga basándose en la confianza y en su credibilidad sin contar con aquellos que lo desaprueban y odian catalizando frustraciones y traumas por el viejo régimen o sus trastornos de personalidad.
Pero eso no importa. Lo importante para las elecciones del próximo año y la continuidad de la transformación es la popularidad y aprobación del presidente donde todas las encuestadoras le dan un 70%.