Política

¿El mal vence al bien? Reflexiones para Semana Santa

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  • ¿El mal vence al bien? Reflexiones para Semana Santa
  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

Para la mayoría de los cristianos, estos días no solo remiten a una celebración que comienza hoy en domingo de ramos, sino a una pregunta persistente que distintos filósofos desde la antigüedad se han hecho: 

Cómo es posible que el mal se imponga y, más aún, por qué nos cuesta tanto conceptuarlo con claridad más allá de la simple definición de la ausencia del bien.

Y tampoco hace falta recurrir al diablo-como figura simbólica- para entenderlo según Rudiger Safranski en su extraordinaria obra sobre “el mal”, hay que adentrarnos por ejemplo a Nietzche para sumergirnos en que hay algo que trasciende y que está “más allá del bien y del mal”, como lo sugiere el titulo de su obra.

Estoy convencido que a muchos no nos basta con afirmar que el mal existe; la cuestión de fondo es otra desde la filosofía realista: Dónde se engendra, cómo se desarrolla, de qué manera se consolida y, sobre todo, cómo termina por afectar nuestras vidas. 

Desde el mal físico o psíquico que hiere en lo individual, hasta la injusticia ignominiosa que se institucionaliza y alcanza su máxima expresión en episodios históricos como el proceso seguido contra Cristo en tiempos de Poncio Pilato que recordamos esta semana.

La vida de Jesucristo no puede entenderse únicamente desde lo religioso. Fue, ante todo, un fenómeno político y social. 

Su palabra no fue neutra, su presencia no fue decorativa: cuestionó estructuras, incomodó al poder, evidenció hipocresías y pidió congruencia. 

Pasajes evangélicos nos recuerdan cuando expulsó a los mercaderes a chingadazos dirían en el barrio o su trato misericordioso con las prostitutas y leprosos.

Y como ocurre con toda figura que irrumpe en el orden establecido, terminó siendo procesado y juzgado hasta la crucifixión. Ignacio Burgoa Orihuela en su obra El proceso de Cristo (Monografía jurídica sinóptica), señala que lo ocurrido fue una cadena de violaciones al debido proceso, revestidas de formalidad. 

No fue un acto sin ley, sino un acto de poder legitimado por formas jurídicas. El problema no era la ausencia de ley, sino su deformación.

Jesús fue acusado simultáneamente de delitos religiosos y políticos. De ello se desprende una dualidad de competencia: un juicio ante el Sanedrín y otro ante Pilatus. 

Dos procesos, dos jurisdicciones, una misma condena donde por cierto, el Gobernador de Judea se lavó las manos.

Vivimos en una época donde el derecho puede convertirse en instrumento, donde las formas se respetan mientras el fondo se traiciona. 

Donde la legalidad se utiliza para justificar decisiones previamente tomadas. 

No es la ley la que falla, sino el uso que se hace de ella.

En ese vacío a veces por omisión o ignorancia, sin tomar en cuenta la perversidad con la que a veces se produce el daño la pregunta por el mal vuelve a emerger.

El mal —como advierte Rüdiger Safranski— no necesita ser explicado necesariamente desde categorías demonológicas. 

No hace falta recurrir al diablo para entenderlo como los teólogos lo podrían hacer. Basta mirar la conducta humana. 

Basta observar cómo se normalizan decisiones, omisiones y estructuras que terminan por degradar al otro y maltratarlo hasta el extremo donde el adjetivo “demoniaco” como simbolismo lingüístico tiene fuerza y gran significado.

Y quizá, incluso desde otro ángulo —menos metafísico y más incómodo—, valga la pena asomarse a la provocación que plantea Marcelino Cereijedo en el título mismo de su obra: Hacia una teoría general sobre los hijos de puta. 

No como desahogo retórico, sino como intento —desde la biología— de comprender cómo ciertas conductas humanas, más allá de su origen genético terminan por configurarse en formas sistemáticas de daño.

Continuará…

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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