Política

Los 300: La presunción banal de creerse los más influyentes de México

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  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

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En la era posterior al homo videns, cuando parecería que la realidad necesita una cámara para acreditar su existencia, la llamada comida de los 300 líderes más “influyentes” de México ofrece mucho más que una reunión social. 

Es también un extraordinario objeto de observación desde la filosofía política y que esta semana me atrevo a reflexionar con cierta crítica a esos 300. 

¿Quién otorga los valores a la categoría de líder?, ¿influyentes para quién, sobre quién y por qué?

Giovanni Sartori advirtió sobre una sociedad en la que ver comenzaba a desplazar a comprender. Las redes sociales llevaron aquella intuición todavía más lejos. 

Ya no basta tener, hacer o influir: hay que mostrarse haciéndolo. 

La fotografía que ya no existe en material celuloide dejó de ser testimonio para convertirse, muchas veces, en certificado de existencia pública: aparezco, luego existo.

Y en esa lógica del narcisismo digital, los filtros a veces exagerados no sólo corrigen rostros, también pueden corregir la representación que una élite construye de sí misma.

De ahí que siempre me ha resultado interesante observar a “los 300 líderes más influyentes de México”. 

Porque quien incluye, excluye; quien jerarquiza, define; y quien coloca nombres puede hacerlo por reconocimiento, pero también por conveniencia, cálculo y réditos. 

El poder confecciona sus propios espejos y suele sentirse cómodo cuando quienes se miran en ellos se reconocen mutuamente. 

Dicho de manera más coloquial: “aves del mismo plumaje vuelan juntas”. Confieso que no tengo simpatías por Paty Chapoy, Chumel Torres, Azucena Uresti o Xóchitl Galvez por mencionar algunos nombres.

Pero la escena no es nueva. Me recuerda aquellas comilitonas que organizaba Antonio Chedraui, jerarca de la iglesia ortodoxa donde todos los aspirantes a cargos de elección popular para el estado de México lo acompañaban en vida en su fiesta de cumpleaños. Aquello era una pasarela de grillos y políticos impresentables del viejo régimen priista bajo un sello ecuménico. 

Congregarse sigue siendo uno de los espacios donde los intereses se aglutinan, las afinidades se reconocen y las complacencias suceden.

No hay nada intrínsecamente malo en reunirse. Aristóteles entendió al ser humano como un ser político (Zoonpolitikon), necesitado de comunidad. 

Pero toda reunión revela una arquitectura de cercanías: quién invita, quién es invitado, quién ocupa la mesa principal y, sobre todo, quién queda fuera. 

No toda congregación crea comunidad, ni toda comunidad genera bien común.

Conviene recordar que los famosos “300” de la antigüedad fueron los espartanos de Leónidas. 

La comparación puede resultar irónica: aquellos 300 quedaron como símbolo de sacrificio; nuestros modernos 300 aparecen asociados al lenguaje de la influencia, el prestigio, el dinero, la fama y la visibilidad. Unos entraron a la leyenda resistiendo; los otros entran a la fotografía posando.

Y entonces me asalta una pregunta inevitable: ¿líderes de qué México? ¿Del México profundo o del México mágico de escenografía y lentejuela? 

¿Del país que trabaja, produce, cura, enseña, transporta, cultiva y emprende, o del país que posee los recursos suficientes para construir su propia representación del éxito?

Hay muchos mexicanos influyentes que no aparecen ni aparecerán en esas listas de los 300. 

Los mismos que políticamente han hecho que el país se transforme y opte por liderazgos serios y sencillos como el de la presidenta Claudia Sheinbaum, por ejemplo. 

Quienes buscan aparentar poder necesitan ser vistos, pero el verdadero poder no necesita escaparate sino sentirse. Y ahí está el verdadero liderazgo e influencia de quienes mueven a México.

Después de ver muchas imágenes de “Los 300”, quizá valga la pena volver la mirada hacia afuera del salón y preguntarnos quiénes son los verdaderos 300. 

La respuesta es incómoda y, al mismo tiempo, sencilla: los verdaderos 300 no son trescientos. Son millones. Son aquellos que hacen que México se levante cada mañana y siga caminando, mientras otros deciden quién merece aparecer dentro del encuadre.

El México profundo de Bonfil Batalla no necesita filtros. Los más influyentes de México no necesitan aparecer en listas de revistas como donde aparecen los hombres más ricos del mundo. 

Hay otros que, si necesitan aparecer y demostrar que son influyentes, los mismos que extrañan las comidas del patriarca Chedraui con la influencia pestilente de los que se creyeron dueños de México.


@cuauhtecarmona

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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